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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Un buen general sabe escoger el campo de batalla. Bueno, eso era antes, cuando los ejércitos se enfrentaban. Ahora, la tecnología lo ha modificado todo. Sin embargo, la sentencia militar sigue siendo útil: nunca hay que perder de vista el objetivo y, mucho menos, las coordenadas de tiempo y espacio, en las que nos movemos y somos. Hay que saber contextualizar e integrar, cualidad fundamental del espíritu humano, como nos enseña Edgar Morin. Así, no nos extraviamos y, si ocurre, podemos encontrar la salida, el hilo de Ariadna, “en la selva oscura” de la vida. Pero, aterricemos. Se extravió el Gobierno, el 25 de julio pasado, al celebrar en Liberia la Anexión de Guanacaste a Costa Rica, donde, al parecer, le convenía a la diputada Maureen Ballestero para inaugurar, con su nombre, un proyecto de vivienda. Se celebraba la Anexión del Partido de Nicoya, en 1824, y no la de un diputado a un conjunto de casas. Bienvenida la rectificación presidencial, pero no se debe perder jamás la noción de tiempo y de espacio. Hay “embarcadas” que se pueden convertir en un viaje sin destino y sin retorno. Pero, al parecer, estos extravíos están de moda, en aras del turismo. El 11 de abril, día de nuestro héroe nacional, ahora es cualquier día. El Día de la Madre ya no es el 15 de agosto, sino el 17, 18 ó 20 del mismo mes. Nos desmadramos. Ya comenzamos a manosear el 2 de agosto, al modificar la hermosa tradición del vestido de la Virgen de los Ángeles. Ahora, se habla de tres costureras anónimas. Y, por ahí, en Cartago se rumorea sobre otras apariciones y, acaso, sobre otras romerías… En fin, el respeto de las coordenadas de tiempo y espacio nos ayuda a no perdernos de historia, de país y, peor aún, de nosotros mismos. Conviene, por ello, detener el paso y preguntarse: “de dónde vengo, quién soy y hacia dónde voy”. Este conocimiento personal, con los pies sobre la tierra, para vivir en el mundo, sin ser del mundo, nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos. Pensaba en esto al leer las proclamas patrióticas de Albino y otros de igual corte, los exabruptos olímpicos de Jorge Nery Carvajal, las redentoras recetas planetarias de un político tico y las recientes declaraciones de Eugenio Trejos al decir: “Ya no debatiré con nadie sobre el TLC que no sea mi homólogo, el presidente Óscar Arias…”. Estamos fregados en Tiquicia. Hagamos votos, por ello, ante la efigie de Montaigne que decía: “Es mejor una mente bien ordenada que otra muy llena” o vacía… Recobremos el sentido del tiempo y del espacio (la hora y el límite) y, sobre todo, el equilibrio mental. Se trata, en el fondo, de ordenar la mente, críticamente, para no extraviarnos.
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