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Legal sí, humanitario no Ante situaciones urgentes de niños enfermos y familias angustiadasErick Sell Marucco Asistente pediatra, HNN Como médico asistente del servicio de neurología pediátrica (en proceso de colegiatura) del Hospital Nacional de Niños (HNN) me ha tocado realizar múltiples trámites y llenar un sinnúmero de formularios al intentar recetar un medicamento que no está en la lista oficial. El proceso es desgastaste para todos: pacientes, médicos y comités de farmacoterapia. Entiendo la necesidad de regular el uso de fármacos de manera racional y científica, pero este no es el caso actualmente. Las indicaciones de aprobación para los fármacos están muy limitadas, desactualizadas, y depende en todos los casos del médico demostrar la utilidad de fármacos que son de uso rutinario en la mayoría de los centros académicos de prestigio internacional. Disgusto y frustración. Lo que más me preocupa es que los comités que aprueban (y muchas veces desaprueban) estas medicinas no están compuestos por expertos en el campo y devuelven a menudo los formularios con recomendaciones mal sustentadas u obsoletas, que generan mucho disgusto y frustración a los profesionales que hemos dedicado precisamente muchos años en especializarnos y tener un adecuado criterio para solicitar un medicamento para un paciente en específico, en un momento determinado, con respaldo científico . Los formularios mismos están muy mal diseñados, se repiten varias preguntas y se solicita información clínica que ni el mismo funcionario del comité sabe interpretar. En mi caso, se me cuestiona el uso de anticonvulsivantes para epilepsias refractarias y neuropatías de niños con leucemia que no deben recibir anticonvulsivantes inductores hepáticos por el conocido y demostrado riesgo de disminuir las concentraciones de agentes de quimioterapia, entre algunos ejemplos. Lo que es más molesto aún es que se ofrezca una opción de “compra aguda” que se supone debe agilizar la aprobación o desaprobación del fármaco durante un internamiento, y aun así se encuentra la forma de, “legalmente”, esperar hasta una semana para que se reúna un comité para tomar una decisión. No es moralmente correcto dejar que un niño convulsione 3 o más veces en una hora, si existe aún una remota posibilidad de que un fármaco o una combinación de ellos, pueden ser efectivos o al menos paliativos. Verificar la seguridad de un fármaco no toma, o al menos no debería tomar, tantos días ni muchas reuniones de comités de no expertos. La seguridad antes de suministrar un medicamento no justifica semanas de espera en detrimento neurológico del niño. Opinión ignorada. ¿Quien desaprueba mi juicio médico como especialista? ¿Otro neurólogo pediatra? No, no es así, dado que ninguno de los 3 neurólogos pediatras que trabajamos en el Hospital Nacional de Niños hemos sido llamados a dichos comités ni se nos tomado opinión o cosa semejante. Yo no estoy en capacidad de cuestionar el uso, la urgencia o indicación general de un fármaco recetado por un especialista de otra rama. Con todo gusto discutiré la evidencia científica para las indicaciones de un fármaco, si se me cuestiona mi juicio clínico, pero nunca lo haré pacientemente proporcionando copias de artículos recontrasabidos mientras mis pacientes siguen convulsionando, sufriendo los efectos secundarios de otros fármacos. Y ni que hablar del tiempo que podríamos dedicar a investigar el diagnostico, que se sacrifica por llenar los formularios y tratar de complacer al sistema. Lo más curioso de todo es que estos comités reciben las solicitudes después de una reunión del departamento, o sea que no es un médico, sino tres especialistas, los que están de acuerdo en la solicitud del fármaco. ¿Se necesitan más trámites? Obvio que no, ¡esto no es una negociación de un préstamo de vivienda en un banco! Son situaciones urgentes de niños enfermos y familias angustiadas. ¿Cómo se ha mantenido a flote esta situación? Bueno, está la medicina privada para algunos; en otros casos, simplemente a esperar. Estoy seguro de que este proceso se puede mejorar para el beneficio de los pacientes. Así que a todos los que somos responsables de que estos medicamentos sean sugeridos, recetados, aprobados y suministrados nos queda, sí, justa tranquilidad: estamos haciendo las cosas legalmente. ¿Las estaremos haciendo en forma humanitaria también?
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