 Tony Blair, enviado especial para Medio Oriente
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PARIS (AFP) -
Inspirada en tres principios simples -"escuchar, aprender y reflexionar"-, el ex primer ministro británico Tony Blair emprendió el desafío más difícil de su carrera política al tratar de reactivar el proceso de paz de Oriente Medio, que se encuentra en estado de coma avanzado.
El diario israelí de mayor circulación, Yediot Aharonot, reconoció la dificultad del ejercicio al decir que Blair no tiene muchas posibilidades de éxito: "aparte de su prestigio personal, no dispone de ningún medio de presión sobre las partes en conflicto".
Antes de iniciar su primera misión exploratoria como emisario del cuarteto de mediadores internacional (la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia) Blair sabía, y advirtió, que no era realista esperar resultados significativos a corto plazo.
Sus contactos iniciales con los principales protagonistas del conflicto le hicieron comprender que, probablemente, tendrá que agregar páginas a su agenda y reunir más paciencia para empezar a vislumbrar los primeros resultados.
La misión encomendada por el cuarteto se limita a pedirle que presente en septiembre un "plan inicial" precisando las instituciones para la creación de un Estado palestino.
Por lo pronto, Blair anunció que proyecta volver a la región en septiembre "para abrir una oficina", lo que permite suponer que decidió adoptar un calendario más realista.
Aunque Blair se empeñe en decir que es "un momento oportuno" y que "en este momento hay posibilidades", el camino parece sembrado de obstáculos.
La "ventana de oportunidad" que percibe Blair procede de la modificación de actitud de Israel con respecto a la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abas.
El gobierno del primer ministro Ehud Olmert, sostenido en esa actitud por los grandes países occidentales, intensificó los esfuerzos para consolidar la autoridad de Abas después del serio revés político y militar que sufrió frente a los islamistas de Hamas en la franja de Gaza.
Israel mostró claramente su voluntad cuando desbloqueó varios centenares de millones de dólares que mantenía congelados, liberó unos 250 prisioneros palestinos y le dio los medios a Abas para reconstruir las fuerzas de seguridad de su movimiento, al Fatah.
Las "posibilidades" de avanzar en el proceso de paz árabe-israelí, detenido desde hace siete años, dependen en gran medida de las perspectivas de creación de un Estado Palestino. Pero el gobierno de Olmert se niega a considerar esa posibilidad.
Para la Autoridad Palestina, que sólo tiene jurisdicción práctica sobre Cisjordania, pues Gaza está bajo control fáctico de Hamas, la creación de instituciones palestinas estables sólo podrá concretarse después de que Israel rectifique las medidas que aplicó en los territorios ocupados.
"Las colonias, el muro, las restricciones de movimientos y los puntos de paso minan toda idea de Estado palestino. Seamos realistas", explicó el principal negociador palestino, Saeb Erakat.
La misión de Blair generó una primera respuesta a esa exigencia con la apertura de conversaciones informales de paz, aunque en términos muy generales, entre Olmert y Abas, que teóricamente deberían desembocar en un proceso de negociaciones sobre el estatuto final de Cisjordania basado en una retirada israelí de la mayor parte de esos territorios ocupados.
Blair también se encuentra entre la espada y la pared sobre otro aspecto del problema: ¿cómo proceder con Hamas?.
El realismo político sugiere no ignorar en esos contactos al movimiento islamista que tomó por las armas el control de la franja de Gaza el 15 de junio.
El canciller italiano Massimo D'Alema le aconsejó que no aislara a Hamas, mientras que Israel le sugirió que no tomara contactos con ese grupo. Blair, por el momento, no ha previsto ningún encuentro con Hamas, pero es evidente que no podrá mantener esa posición durante mucho tiempo.
"Ignorar a Hamas, y por lo tanto a una gran parte del pueblo palestino, convertiría la misión de Blair en un salto al vacío", advirtió Fawzi Barhumun, portavoz de Hamas.
La "realpolitik" también obligará, en un momento u otro, a tener en cuenta otros tres factores que gravitan en el tablero de Oriente Medio: Irán, Siria y el movimiento islamista pro-iraní Hezbolá. Blair no ignora que incluirlos en el proceso de paz no será fácil. Pero también sabe que, sin ellos, la paz será imposible.
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