|
|
|||||
|
|
En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.co.cr. La denuncia contra la cúpula sindical de ANEP, publicada la semana pasada, sobre las desviaciones legales, morales y administrativas internas, no es novedad ni escándalo. Es la confirmación de lo previsible y lógico: la ausencia de democracia, de controles, de discusión crítica, de transparencia y, como férrea lápida marmórea, la paranoia ideológica, que atonta y desnaturaliza todo, producen estos males. Desde Stalin a Pinochet, de la dinastía de los Somoza a Fidel Castro, de Pol Pot a Hugo Chávez, de Trujillo a Kim Il Song, para hablar de las grandes ligas, hasta las divisiones menores de aprendices y novicios, la metodología es la misma. ¿Qué diferencia hay entre Albino Vargas, en ANEP, y Jorge Nery Carvajal, en el Comité Olímpico (CON)? La diferencia está en las siglas. El resto es idéntico, hasta el lenguaje. Entre los dos acumularán, dentro de poco, unos 40 años de reelecciones, una marca, gracias a los mismos métodos. ¡Oxidación y moho por dentro y por fuera! Las consecuencias son parecidas: ineficiencia, ridículo, grandilocuencia y, sobre todo, miedo de perder el poder. En cuanto a ANEP, todo ha sido positivo, hasta la comedia montada, el viernes pasado, en El Tobogán. Tobogán o resbaladero, ¡qué metonimia tan precisa! Cuando un sindicato exhala el tufillo denunciado por una fiscal valiente y cuando esta debe pedir protección oficial ante las amenazas recibidas, ¿estamos ante un sindicato, esto es, una asociación en defensa de los agremiados trabajadores, o ante qué? Pues bien, este “qué”, que hace la gran diferencia, verifica lo denunciado por tirios y troyanos por muchos años: la necesidad de distinguir entre el sindicalismo genuino, organización social consagrada en nuestras leyes, y el falso sindicalismo, que ha vivido en medio de la impunidad, del miedo y del chantaje, que declara huelgas cuando le viene en gana, que bloquea calles, escuelas, muelles y hospitales, y que tiene el tupé de decirse defensor de los trabajadores y arroparse en la bandera de Costa Rica. Esta mixtificación forma parte de la confusión de conceptos –intelectuales y morales– reinante en Costa Rica, que tanto hemos denunciado, y de la estrategia de la manipulación y del miedo, prevaleciente en diversos sectores académicos, administrativos, políticos y en no pocos espacios de algunos medios de comunicación, privados o públicos. Esto es, en el fondo, lo que se debate en nuestro país en estos meses: la democracia albina, de bazucazos o callejera, o la institucio- nalidad democrática. Las más variadas causas nos han conducido a esta encrucijada. La polarización no es propiamente de personas, sino de principios y de valores.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |