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/LA NACIÓN

La ecología como botín


Alexander Bonilla D.
alebodu@hotmail.com
Ambientalista

Las noticias enLa Nación ( 23/7/07 ) nos llenan de indignación, pues una vez más se juega con el prestigio del país y se usa su patrimonio ecológico como botín empresarial y para figurar internacionalmente. Es una lástima que los mercaderes del ambiente hayan utilizado las buenas intenciones y el respaldo de diversos gobiernos del país para deslegitimar un Consejo de la Tierra, que nació allá en Eco 92 para velar por el cumplimiento de los acuerdos ambientales, en especial la Agenda 21, de esa cumbre ecológica, que celebraba los 20 años de Estocolmo.

Este oscuro personaje, cuyas andanzas se destapan, ideó y montó el tal Consejo de la Tierra como él quiso, pues sabía que iba a liderar la conferencia de Río 92.

Todo empezó en la Reunión Mundial Forestal que se celebró en Francia allá por 1990-91. Strong participó. Se acercó a un ambientalista de reconocido prestigio mundial que vive hace muchos años en Costa Rica (el doctor Budowsky) y le pidió que le ayudara a presentar su idea al Gobierno de Costa Rica. El quería usar el prestigio ambiental de Costa Rica para llevar a cabo su plan en Eco 92, pues sabía que iba a ser uno de los líderes y organizadores de la cumbre de ambiente y desarrollo. Además, manifestaba que quería mucho a Costa Rica, pues tenía algunos intereses comerciales en la zona atlántica (alguna finca o algo así). Tenía clara la idea. Utilizando su influencia, lograría, según él, la creación de dicho organismo internacional. De esta manera lograría poner al país en el marco mundial ambiental y traería recursos financieros de la comunidad ambiental internacional. Incluso este señor tenía amigos en el mundillo ambiental del país, asociado a los parques nacionales.

Frágil sostén. El doctor Budowsky trajo la idea. La comunicó a un ambientalista que participaba en una comisión ambiental en la Cancillería. Ahí se discutió, se analizó su viabilidad y se buscó el respaldo de entes ministeriales, la Presidencia y otros organismos como la Universidad para la Paz. Se trazó la estrategia de lucha y se viajó a Río de Janeiro en junio de 1992. Discusiones iban y venían. No fue tan fácil montar el esquema del señor Strong, tanto que no fue aprobado por los representantes oficiales de los gobiernos y quedó como una acotación de la Agenda ambiental, donde decía que “se tomaba nota de la iniciativa” con carácter de organismo no gubernamental. Por supuesto que el Gobierno quería y llevó la propuesta de su creación oficial… no se pudo. Pero el señor Strong la metió en esa parte y de ahí se agarró para establecer el Consejo de la Tierra, que empezó funcionando en las oficinas de la Universidad para la Paz, por acuerdo de don Rodrigo Carazo, quien entonces la presidía.

Después nos dimos cuenta de que era un “elefante blanco más”, que servía como refugio a algunos que vivían del ambientalismo internacional y que hizo una que otra reunión y participación en Costa Rica, pero que no llegó a significar nada en el manejo ambiental local o internacional. Luego, se desvaneció… No volví a saber nada de este Consejo, hasta ahora, cuando sale en grandes titulares el “desmadre” con tierras y dinero de todos los costarricenses.

Lástima que se pervirtiera el espíritu de su conformación, que fue apoyado por nuestras más altas autoridades en diversos Gobiernos, en especial en el de Calderón Fournier. Nuestras autoridades fueron engañadas; hoy vemos que había otros intereses. Como ambientalista me siento defraudado y consternado.

Vividores de la ecología. Una vez más, nos damos cuenta que lo ambiental se ha utilizado con fines económicos particulares, y que se ha usado al país y la ecología en forma inescrupulosa. Se montó una organización ambiental para que algunos figuraran internacionalmente, se ganaran sus dólares en consultoría, y viajaran por el mundo en nombre de la ecología del país (con nuestro dinero). Estos vividores de la ecología han engañado al país, a sus autoridades, y nos demuestran que en nombre del ambiente muchos hacen grandes negocios.

Ojalá no se demuestre que políticos o ambientalistas reconocidos del país participaron de la “piñata ecológica”. Sería peor de vergonzoso.

Solo nos queda decir que esperamos que las autoridades lleguen al fondo de la investigación y se sienten las responsabilidades, y que se desenmascare a todos los que en nombre del ambientalismo usufructuaron el efímero Consejo de la Tierra. ¡Que cada palo aguante su vela!

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