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Noticias Opinión:

EDITORIAL

Un enemigo que no para

La noticia diaria de la inseguridad ciudadana, agravada por el poder ubicuo del narcotráfico, debe unirnos a todos.
Uno de los capítulos trascendentales de esta lucha es la defensa de los niños y de los adolescentes


La inseguridad ciudadana, en todas sus modalidades delictivas tradicionales, representa un reto capaz por sí solo de concentrar toda la atención del Estado. Las pruebas son tantas que esta afirmación es trivial. El asalto del narcotráfico, desde la perspectiva del consumo y del transporte, cada vez más refinado y poderoso, nos lanza, sin embargo, a otra dimensión, que agrava todo y lo complica. Su repercusión moral, criminal, económica, social, personal, familiar y global es devastadora.

Los comentarios y análisis sobre este mal universal no siempre aportan soluciones concretas. Sin embargo, su reiteración es necesaria y provechosa: combaten la indiferencia, alientan a los poderes públicos y, sobre todo, contribuyen a hacer conciencia y a mantener alerta a la población sobre la naturaleza y magnitud de este vasto y ubicuo desafío. Cuatro noticias de ayer en La Nación confirman lo dicho por su variedad y localización. En Guatemala uno de los capos de la droga más buscados en Centroamérica, Cornelio Chilel, escapó, en días pasados, de la custodia policial, gracias al asalto de 30 hombres armados con poderosos rifles AK-47. Estos interceptaron la furgoneta en que lo trasladaban a la sede del juicio. En el acto murieron dos miembros del comando y sufrieron heridas tres policías. Los hechos hablan por sí solos para los centroamericanos.

Oficiales de la Fuerza Pública descubrieron, el martes pasado, en Coto Brus, poco menos de una tonelada de cocaína escondida en el techo de un camión conducido por un agricultor. La droga provenía de Panamá. El salto cuantitativo en cuanto al monto de la cocaína incautada es ahora cosa común, lo cual verifica la selección del territorio nacional, desde hace tiempo, pero ahora con mayor desenfado y poder como plataforma de almacenamiento y posteriormente de distribución internacional. Las condiciones geográficas e institucionales del país, como hemos apuntado en otros editoriales, favorecen en este comercio. Venturosamente, nuestras autoridades policíacas y administrativas han respondido con eficiencia, abnegación y valentía.

Se informó, asimismo, de que la Policía Turística de Alajuela decomisó, el lunes anterior, 50 óvulos de cocaína que tres extranjeros movilizaban en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría. La droga sería entregada a un “burro” para que las ingiriera y transportara. Y, para rematar, la Policía de Control de Drogas decomisó, el sábado pasado, una carga de 18.485 pastillas de éxtasis en el aeropuerto citado, proveniente de España. Esta es la mayor cantidad de este tipo de estupefacientes en nuestro país. El éxtasis causa daños graves e incurables en el cerebro y se vende, sobre todo, en bares y lugares de diversión. Sus efectos en nuestra población son deletéreos.

En fin, el narcotráfico no para. Utiliza todos los medios a su alcance, como se comprueba en estas noticias, para satisfacer sus objetivos, desde el ataque cuasimilitar, con 30 hombres bien pertrechados, hasta la conversión de seres humanos, mediante la ingesta, en medios de transporte. Por otra parte, no hay escarmiento posible. No hay obstáculo, capacidad represiva del Estado, condenas judiciales, publicidad y colaboración policíaca internacional que arredre o desaliente a los capos y a sus cómplices.

Tampoco el consumo ha disminuido. Por el contrario, sus blancos favoritos ahora son los niños y los jóvenes, las familias y las escuelas, lo que explica, en parte, los actos de violencia en las instituciones públicas. De este modo, se aseguran el mercado futuro y quiebran la sociedad en su base. La reacción ante esta realidad no debe ser, por ello, la impotencia o el desánimo, sino, por el contrario, el espíritu de lucha y la unión y colaboración de todos los sectores de la sociedad. En general, el tema de la seguridad de bienes y personas, y, concretamente, la honda penetración del narcotráfico debe ser uno de los motivos más fuertes e inspiradores de unidad del pueblo de Costa Rica.

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