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/LA NACIÓN

Los peligros delbullshit

Una aguda reflexión sobre la diferencia entre la mentira y la verdad

Eduardo Ulibarri
Periodista

Hace dos años, Harry G. Frankfurt, reconocido profesor de Filosofía de la Universidad de Princeton, publicó un libro que, por su sólida brevedad, provocadora argumentación y desenfadado título, produjo cierto revuelo en círculos académicos estadounidenses.

Lo llamóOn bullshit . Y así también decidió titularlo la editorial Paidós, de Barcelona, al traducirlo y publicarlo en el 2006.

Literalmente,bullshit significa ‘excremento de toro’. Pero su significado cotidiano es una mezcla de estupidez, tontería, charlatanería y embuste. Ante tal pluralidad de matices y la sonoridad del vocablo inglés, se justificaba utilizarlo en la portada de la edición española, junto a una línea aclaratoria: “Sobre la manipulación de la verdad”.

Aguda reflexión. Las compactas 80 páginas del libro son una oxigenada y aguda reflexión sobre la diferencia que existe entre la mentira, como negación deliberada y consciente de la verdad, y la charlatanería (o bullshit), como ejercicio de manipulación argumental que desprecia cualquier asomo de realidad.

En la primera mitad de su ensayo, Frakfurt discurre ágilmente sobre la naturaleza de la mentira, para concluir que el mentiroso es “alguien que deliberadamente enun- cia una falsedad”. Se trata de una conducta totalmente censurable. Por algo existe el octavo mandamiento.

Sin embargo, en su trasfondo, dice el filósofo, la mentira al menos nos refiere a la verdad, porque “el embustero debe interesarse inevitablemente por valores veritativos”. Más aún, “para inventar una mentira cualquiera, ha de pensar que sabe qué es lo verdadero. Y para inventar una mentira eficaz, debe concebir su falsedad teniendo como guía aquella verdad”.

El mentiroso, entonces, desarrolla una relación con los hechos, aunque sea para trastrocarlos. Por esto, en palabras de Frankfurt, “es imposible mentir si uno no cree conocer la verdad”. Tal nexo de contraste con lo verdadero establece una posible ruta de enmienda o redención para quien miente, porque siempre tendrá un pie en la verdad.

Ética vacía. Con el charlatán, embustero o bullshitter ocurre precisamente algo más complejo y éticamente riesgoso: “No le importa si las cosas que dice describen correctamente la realidad. Simplemente las extrae de aquí y de allá o las manipula para que se adapten a sus fines”.

Por esto mismo, “una persona que decide abrirse paso mediante la charlatanería (o el embuste) goza de mayor libertad”. Y añade Frankfurt: “No se limita a introducir una falsedad en un punto determinado, por lo cual no está condicionada por las verdades que rodean dicho punto... Está dispuesta, si hace falta, a falsear el contexto”. Por tanto, lo suyo “es más específicamente cuestión de falsificación que de falsedad”.

Al distanciarse totalmente de la verdad, el charlatán-embustero rompe toda vinculación con la realidad. De aquí que, nuevamente en palabras del autor, “la charlatanería es peor enemigo de la verdad que la mentira”.

La lectura deOn bullshit es estimulante y esclarecedora; un ejemplo del poder revelador que alcanzan la argumentación sólida y el lenguaje preciso. Por esto, constituye un deleite en sí misma. Pero, además, ofrece una excelente guía para escrutar –y desenmascarar– la manipulación conceptual que agobia a una parte de nuestro contaminado debate nacional.

El libro, además, nos lleva a una conclusión en tres partes, válida para cualquier época:

Prefiramos a quienes se apegan a la verdad y logran demostrarla o, al menos, argumentarla con honestidad y respeto.

Rechacemos a los mentirosos que, por conocerla, son capaces de falsearla o contradecirla.

Pero, sobre todo, cuidémonos de los charlatanes que la manipulan sin siquiera identificarla, porque su desconexión absoluta con la verdad los hunde en el vacío ético, donde todo se vale. He aquí la peligrosa esencia delbullshit .

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