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Opinión Roberto García rgarcia@nacion.com Periodista Vea qué buen volado. Si, por ejemplo, usted nació en el mes de setiembre, hágase el cargo de que será su cumpleaños de Invierno. A los seis meses, en marzo próximo, usted podrá festejar su cumpleaños de Verano . Y así, al dividir su año calendario en dos, conseguirá cumplir dos veces al año y envejecer solo uno. ¡Negocio redondo!, ¿verdad? Esa es la lógica que aplicaron los dirigentes del futbol nacional al decidir que habrá dos campeones en una temporada. De modo que tendremos un campeón a medio camino, y otro en la segunda mitad. Y también un ¡supercampeón!, pero con carácter simbólico. ¿Qué le parece? Además, el premio para el cuarto puesto es tan atractivo (¢10 millones sin jugar), que podría resultar más rentable quedar de cuarto, en vez de arañar el tercer peldaño. Semejante forma de planificar es una de las razones por las que hicimos el ridículo en las tres últimas vitrinas internacionales: la Copa de Oro, el Mundial Sub-20 y los Juegos Panamericanos. A los futbolistas ya se les olvidó cómo pasar la pelota, cómo anotar, y aún así, en vez de buscar soluciones reales, a los dirigentes les da por “matizar” con ocurrencias. ¿A quién le gustará ser medio campeón? Si bien los adeptos de la medida aducen que en otros países se sigue esa modalidad, se trata de otras realidades del primer mundo del futbol, como Argentina y México, por ejemplo. En nuestro medio futbolístico la celebración del título solo va un poco más allá de la lluvia de papel picado, de los abrazos y de una cena que disfrutan los protagonistas, una o dos noches después del apoteósico acontecimiento. A veces, en medio de los problemas, como que las mentes se nublan y en lugar de buscar soluciones concretas, hacen como que se mueven, pero en realidad solo dan vueltas en el mismo sitio. Travesura del Diablo . Esta modalidad que nos aprestamos a estrenar me recuerda las travesuras de un corredor muy simpático, de apellido Ocampo, a quien apodaban el Diablo . En cada competencia de atletismo, el Diablo se adelantaba en los primeros kilómetros y obtenía algunos premios que las casas comerciales ofrecían a su paso, al estilo de metas parciales. Luego, el Diablo se quedaba rezagado. Y eran otros los que, en definitiva, se adjudicaban el triunfo. No sé, me parece que hay una gran distancia entre el espejismo de ganar a medias… y sentirse verdaderamente campeón.
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