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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Una exdiputada del PAC vivió el milagro a la tica de pasar de una pensión de 300. 000 colones en la llanura a 1,9 millones de colones como diputada. Este es un caso único en la historia: la ley 2348 les permite a un grupo de educadores pensionarse o ajustar su pensión, con base en el salario más alto recibido en cualquier cargo público. (Merece reconocimiento el ejemplo de la diputada del PAC, por Alajuela, Sadie Bravo, al renunciar a este privilegio). El caso más asombroso es el de los nunca bien ponderados gemelos Salas, diputados heredianos, tan gemelos que, al renunciar uno a la curul, con una pensión suculenta, le sucedió el otro, quien, al expirar sus agónicas tareas legislativas, por tres meses, multiplicó también su pensión. Se sabe de un educador que, nombrado en un cargo diplomático, ni siquiera lo ejerció. Recibió el primer salario en Costa Rica, no viajó al país designado, renunció y se pensionó a lo grande. Otro trabajó como embajador y se pensionó, gracias a esta ley, por haber sido profesor universitario por un cuarto de tiempo. Las historias abundan. Esto es lo que algunos llaman Estado solidario. Por supuesto, los ticos no somos responsables de nada. El asalto del Estado ha sido obra de conspiraciones externas, ahora del TLC, según algunos personajes políticos y profesionales. Y, así, entre mentira y mentira, cinismo tras cinismo, no pocos, como hemos comentado ad náuseam, han amasado fortunas, construido mansiones, aceptado casas solariegas, al calor político; y vivido a lo jeque, para empatar repartiendo escapularios, denunciando a los invasores de la patria y lloriqueando sobre los sufrimientos de los pobres…Y todo –he aquí la gracia– sin oficio conocido. Pero, volvamos a las pensiones “con el salario más alto”. Este cuento no acaba, mientras no conste cuáles diputados prohijaron el respectivo proyecto de ley y cuál Gobierno lo promulgó. Este punto es clave pues forma parte de dos de los más devastadores tumores del Estado: el clientelismo político y el miedo a ejercer la autoridad, esto es, a cumplir la ley. Nos enorgullece que La Nación le haya denunciado siempre al país todas estas aberraciones y canalladas. Nos honra también la reacción de los “afectados”: prensa vendida, periódico neoliberal, estimulador de juicios mediáticos. Por su lado, los neobservadores de la prensa, ciertos dirigentes sindicales, defensores de los “trabajadores”, profesionales y analistas; los neopatriotas, los nuevos ricos, por cuyas aceras ha pasado la desafiante caravana de la corrupción, siempre han callado. El tema es cansino pero necesario. El enemigo vive con nosotros, por acción o por omisión.
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