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Notable mejoría fiscal La evolución de las cifras ha generado confianza entre los tenedores de bonos, los inversionistas y el paísPara mantener la robustez de la economía, esta debe crecer en forma elevada, sostenida y generalizada Por primera vez en 19 años el Gobierno central experimentó un superávit financiero. Los ingresos totales superaron en c33.000 millones los egresos totales, incluyendo el pago de intereses, y el superávit primario (sin intereses) –que demuestra la capacidad de pago del Estado costarricense para hacer frente a sus deudas interna y externa– creció un 34% en términos reales. ¿A qué se debe la notable mejoría de las finanzas públicas observada en el primer semestre de este año? La evolución de las cifras ha generado tranquilidad entre los tenedores de bonos e inversionistas extranjeros. El país se ha vuelto menos riesgoso y, por ende, más atractivo para la inversión extranjera, según se desprende del influjo de capitales experimentado en los últimos dos años. Son varios los factores influyentes en la mejoría fiscal, tanto por el lado de los ingresos como de los gastos. Pero, sin duda, el generalizado crecimiento de la producción figura entre los más destacados. Los otros factores son el mejor control efectuado por el Ministerio de Hacienda y el cambio en la cultura tributaria que gradualmente se ha venido implantando en Costa Rica (que debería reforzarse todavía más en los niveles de primera y segunda enseñanza). Y, por el lado de los gastos, figuran precisamente la marcada caída en las tasas de interés y la prudencia observada en las políticas salariales y de empleo que, juntas, constituyen dos de los principales disparadores del gasto. La mejoría fiscal no solo ha transformado el déficit en superávit, sino que ha producido otros cambios interesantes y beneficiosos en la estructura tributaria. Hace 10 años, el impuesto sobre la renta de las personas físicas y jurídicas representaba únicamente el 15% de la recaudación total, mientras que ahora representa el 25%. Los impuestos de aduana, que en 1996 significaban un 47% del total, ahora descendieron a un 37%. Es decir, la estructura tributaria costarricense se ha vuelto menos regresiva –o, lo que es lo mismo, un poco más justa– pues los impuestos directos (renta; territorial y otros), que gravan más proporcionalmente a los contribuyentes con mayores capacidades de pago, representan ahora un porcentaje mayor que los impuestos indirectos, cuyo impacto es mayor en las personas de menores ingresos. Es importante hacer notar que esta notable mejoría cuantitativa y cualitativa se ha logrado sin necesidad de aumentar las tarifas de los impuestos existentes ni modificar la estructura tributaria. Han bastado el mayor crecimiento de la producción para generar ingresos crecientes y los mejores esfuerzos para recolectar bien los impuestos existentes, sobre todo los directos, sobre los que pesaba, según la Contraloría General de la República, una gran evasión. Quienes pretenden subir impuestos para aumentar la recaudación y los que arguyen que resulta más urgente forzar políticas redistributivas, sin reparar en sus efectos sobre la producción o los incentivos para invertir, se equivocan frontalmente. Producir y distribuir son objetivos que siempre deben estar presentes. Pero en términos de relaciones de causalidad, primero debe crecer la producción para aumentar los ingresos fiscales y, luego, mejorar la distribución mediante programas sociales efectivos. Esa es la vía que ha escogido este Gobierno, al menos inicialmente. Sin embargo, existe una duda razonable, reconocida por el propio ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, sobre si la notable mejoría fiscal podrá sostenerse a largo plazo, pues mucho depende del crecimiento futuro de la producción. Para que la tasa de crecimiento de los ingresos tributarios mantenga la robustez observada, es fundamental que la economía continúe creciendo en forma elevada y sostenida, como en los dos últimos años. Y más importante aún es que ese crecimiento sea generalizado y que afecte positivamente a todos los sectores productivos. ¿Será sostenible esta bonanza o deberían el Gobierno y el país aprovisionar recursos para otros tiempos? A esto nos referiremos próximamente.
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