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Ajedrez Leonardo Valdés, Jonathan Carvajal y Carlos Granados empataron con GM Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com El azar puso al ajedrecista Michael Fallas Quesada ante un reto inédito en su vida: enfrentarse a un Gran Maestro de ese deporte. Fue en la primera ronda del torneo Internacional de Alajuela, que se disputó del 11 al 15 de julio. Cuatro GM aceptaron la invitación de participar. Y 15 costarricenses tuvieron el honor de enfrentarse a estos “gigantes”; dos incluso pudieron repetir. No es algo que pasa todos los días. Los GM son la cima de la pirámide, un club reservado y exclusivo donde nadie entra por casualidad y se ejerce un estricto derecho de admisión. En la mayoría de los casos, para enfrentarse a un jugador así los ajedrecistas ticos deben salir del país. Vale la pena: medirse a los GM es como ir a la universidad. Mas, en la cita de Alajuela, varios compatriotas tuvieron la oportunidad de compartir aquí con tableros de alto nivel. Algunos de esos ticos poseen títulos de menor rango, como Maestro Internacional; otros ni siquiera están en tercera división. En estos últimos casos, y para utilizar un símil futbolero, es como si un equipo de Anafa pudiera jugar contra el primer equipo de Alemania. El balance, por supuesto, favoreció abrumadoramente a los cuatro GM: Ibragim Khamrakulov (español), Nikola Mitkov (macedonio), Eugene Perelshteyn y Gennadij Sagalchik (ambos de EE. UU.). Al final, ganaron 14 de las partidas ante costarricenses y empataron tres, con Carlos Granados, Leonardo Valdés y Jonathan Carvajal. De lujo. Para el MI Bernal González, director del torneo, la mejor partida entre un tico y un GM fueron las tablas que consiguió Valdés ante Perelshteyn, en la octava ronda. “Valdés iba con negras y resistió la presión. Se defendió y hasta tuvo la oportunidad de conseguir posiciones ganadoras”, explicó González, actual campeón nacional. En la primera ronda, jugar contra un GM fue cuestión de suerte. Los 200 jugadores inscritos se dividieron en dos grupos de 100 cada uno. En el primero estaban 55 que tenían ranquin internacional; los demás se ordenaban por orden alfabético, partiendo del apellido. De acuerdo con el reglamento, jugaban el primero de cada uno de los grupos. Así fue como al aficionado Michael Fallas le tocó enfrentarse a uno de los mejores tableros de España, Khamrakulov, sembrado número uno y quien posteriormente ganó el torneo. A partir del segundo día, una computadora iba a asignando los emparejamientos entre jugadores con puntaje similar. Por ello cada vez era más difícil jugar ante los GM, conforme el torneo avanzaba y ellos iban ganando. Para atraer a los Grandes Maestros, la organización debe cubrirles los gastos: pasajes aéreos (algunos vienen de Europa), hospedaje, alimentación y viáticos. Después de todo, son las estrellas del show .
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