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Noticias Opinión:

EDITORIAL

Norcorea da otro (lento) paso

El cierre de un complejo nuclear es un avance hacia la seguridad internacional
Las negociaciones con su tiránico régimen aún están lejos de concluir


Primero, las buenas noticias sobre Corea del Norte: El miércoles de esta semana, el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohammed ElBaradei, confirmó que el régimen dictatorial de Kim Jong Il había clausurado el complejo nuclear de Yongbyon, productor del tipo de plutonio necesario para la construcción de bombas atómicas. De este modo, aunque con evidente retraso, los norcoreanos cumplieron con uno de los compromisos suscritos en febrero, tras seis días de intensas negociaciones con China, Estados Unidos, Japón, Rusia y Corea del Sur. De inmediato, los surcoreanos despacharon el tipo de ayuda alimentaria y energética que, según ese acuerdo, seguiría al cierre de los reactores en Yongbyon.

Se trata de un paso de gran importancia en el lento, complejo y errático proceso para que uno de los países más oscurantistas, agresivos y totalitarios del mundo desista, de forma permanente y verificable, de un programa de desarrollo atómico dirigido a la producción armamentista. Y, como parte de lo positivo, entre sus contrapartes negociadoras figuran los países de los que más depende Kim Jong Il para el sostenimiento de su régimen y para apuntalar la maltrecha economía norcoreana, que ni siquiera es capaz de alimentar a la población.

Pero a todo lo anterior, también existen malas (o no tan buenas) noticias:

En una conferencia del grupo negociador realizada en Pekín durante el fin de semana –es decir, coincidente con el anuncio sobre el cierre del complejo nuclear de Yongbyon–, los representantes de Corea del Norte se negaron a cumplir con otro de los pasos acordados en febrero: el establecimiento de un calendario para cerrar y desarticular sus demás centros de producción atómica. Lo único posible fue el establecimiento de una serie de “grupos de trabajo”, que discutirán los “detalles técnicos” como preludio a otra reunión de los seis países negociadores, en setiembre próximo.

Considerando el desenlace de esta reunión y, sobre todo, el carácter del régimen norcoreano y el historial de irrespeto por parte de Kim Jong Il a acuerdos previos, es lógico que se mantengan las dudas sobre su real compromiso para terminar con su programa nuclear militar y, también, destruir el arsenal que ya ha acumulado. Por esto, a pesar de los avances logrados, se mantiene la amenaza para la comunidad internacional y, especialmente, el nordeste de Asia, incluyendo Japón, Rusia y China.

Sin embargo, a pesar de las dudas y temores que –justificadamente– siguen abiertos sobre la posibilidad de llevar a buen término el proceso y lograr que Corea del Norte desista por completo de sus amenazantes pretensiones, el mundo precisamente está, en relación con esas amenazas, en una situación más segura que la de hace apenas seis meses.

Era imposible pensar que el acuerdo de febrero, que estableció todo un sistema de concesiones mutuas entre los norcoreanos y los otros cinco países negociadores, pudiera avanzar según lo previsto. Las contradicciones y retrocesos eran totalmente predecibles.

Pero lo importante es que, en medio de los altos y bajos, la dinámica de avance se ha mantenido y algunas de las concesiones se han materializado.

Además, el carácter multilateral de las negociaciones, con el involucramiento de China y Rusia, principales fuentes de oxígeno económico y político para Kim Jong Il, es un elemento fundamental para las presiones sobre su régimen.

En la medida en que se mantenga un adecuado frente común ante Corea del Norte por parte de Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Corea del Sur, es muy posible que se pueda seguir avanzando, no por convencimiento de Corea del norte, sino, simplemente, por necesidad. Por ello, tan importante como la actitud de su dictadura es la capacidad de coordinación de los otros cinco países. Aquí está la clave fundamental para lo que siga.

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