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Comentario del evangelio: A los pies del Maestro Donación y receptividad, dos posiciones que miramos hoy retratadas en el texto del evangelio que miramos y que se proclamará en la eucaristía de este Día del Señor. Marta, cuyo nombre significa “ señora ”, se dedica a muchas labores. Ciertamente, era muy probable que, junto con la presencia de Jesús, llegara también mucho trabajo. Y esto debido a un dato muy verosímil: la presencia de todos los discípulos, normalmente, junto con el Maestro. Tenemos, además, la figura de María. Es obvio que no hay razón para confundir la hermana de Lázaro con María Magdalena. Esas confusiones se quedan para las malas películas que lucran con la poca formación de las gentes. En la primera de las hermanas de Lázaro, como se sigue fácilmente del texto de Lucas, brilla una eficacia enorme con la labor. En la otra, en María, destaca su gran capacidad para la escucha del invitado. Sencillamente, se detiene y le oye con atención. Marta se da a la tarea de “servir”. Una expresión que, ya para el momento en que el evangelista redacta, se usaba para hablar de los diversos ministerios cristianos de la comunidad cristiana naciente. María, en cambio, “escucha”. ¿Se contrapone así la acción y la contemplación? ¿Será eso lo que se desea destacar Lucas en el pasaje que comentamos? En realidad no. María y Marta son más bien complementarias e incluso necesarias en un contexto de acogida, como es el caso que nos muestra el pasaje de Lucas. Parece, eso sí, que hay denuncia en la perícopa de algo: la ruptura de equilibrios en el proceder de Marta. Hacer tanto y olvidarse de poner atención, no parece ser la vía más correcta del creyente. No hizo lo correcto Marta y no hacemos lo correcto nosotros que, con pretensiones de eficacia, hacemos y no escuchamos, corremos de la mañana a la noche y dejamos de lado “la parte mejor”. Es la gran tragedia del siglo presente: el activismo vaciador. Escuchar y detenerse, moderar el hacer y aprender a contemplar, son opciones que hoy, para el cristiano moderno son urgencias en clave de sobrevivencia y hasta de perseverancia fiel. Asumir el rol de María a alguna hora del día no le va mal a nadie. Hagamos pues, la prueba. Intentemos detenernos algunos minutos diarios. Busquemos la manera de darnos a la tarea de “escuchar” y de hacerlo sentados a los pies del Maestro. Ello nos será vital para ser algún día contemplativos en medio de la acción. Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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