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Ciencia & Tecnología Políticos, ambientalistas y científicos acuerdan pautas para cuidarlos Alejandra Vargas M. alevargas@nacion.com El jaguar es una especie originaria del continente americano que ha perdido más del 50% de su población y se halla en alto riesgo de extinción. La disminución del bosque, el aislamiento de las zonas protegidas y la caza de animales silvestres que son sus presas, como las dantas y los chanchos de monte, los colocan en grave peligro. Por ello, científicos y autoridades ambientales de México, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá decidieron esta semana adoptar medidas para proteger a los felinos de una muerte segura. Así lo confirmó ayer a La Nación el científico Alan Rabinowitz, de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre , en el marco del taller “Paseo del jaguar”, que se realizó en el hotel Bougainvillea, en Heredia.
Según Rabinowitz, entre las iniciativas están la creación de algunas áreas bajo criterios de protección, así como la capacitación de nuevos especialistas para actualizar el inventario de la cantidad, edad y salud de los jaguares que transitan hoy por cada país. A fin de determinar cuántos jaguares hay en la zona en estudio, los científicos deben fotografiarlos (con cámaras que reaccionan al movimiento) y detectar cuál es el patrón de las manchas de cada animal, pues estas son como su “huella digital”. “Los jaguares han sido una especie poco estudiada en algunos países y se requieren datos más fiables sobre la salud de la especie en el continente”, aclaró Rabinowitz. Esos datos mejorarán los actuales mapas que muestran cuáles son los territorios clave por donde pasan estos mamíferos, y ayudarán a impedir la construcción de carreteras, residenciales o fábricas en dichas zonas. Un solo jaguar requiere, al menos, 30.000 hectáreas de territorio para desplazarse continuamente y sobrevivir. En Costa Rica, según cálculos, viven unos 50 individuos, especialmente en la zona sur. Talamanca es la única región del país con suficiente área para sostener una población de jaguares, pero la situación es crítica incluso ahí. Por otra parte, en el 2006 se unieron cuatro ambientalistas para crear un “pasillo verde” que conecte el parque de Corcovado con el de Piedras Blancas, en la península de Osa.
Una larga historia. La idea de este corredor biológico nació hace ocho años cuando los estudios genéticos y de campo revelaron que en toda la región solo existía una sola especie de jaguar, y que esta se ha desplazado históricamente a lo largo de todo el continente americano: desde el sur de México hasta Argentina. “En 1999, nos reunimos varios científicos en México y nos dimos cuenta de que no teníamos que inventar nada. En el continente, los jaguares tienen sus caminos y nuestra responsabilidad es preservarlos”, comentó Rabinowitz.
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