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Apertura al mundo Los primeros estadistas costarricenses impulsaron la apertura económicaGuillermo Malavassi V. badgoyes@racsa.co.cr Filósofo Explican los estudiosos de nuestra historia que una de las causas principales de la ruptura de las colonias españolas con su metrópoli fue la política ibérica de restricción del comercio porque obstaculizaba el progreso de la región. Surgió así la consigna de “comercio libre” que tuvo el mérito de contar con la aceptación de los grupos más visionarios de aquel tiempo (véase Álvarez, Óscar, “Impacto de la ideología liberal en una nación emergente”, Rep. Amer., Año VIII, Nº 2 ene-marzo 1983, Heredia, págs. 7-8). En la Constitución Federal de 1824 se promulgan las libertades de comercio, industria y agricultura. En Costa Rica hubo motines en 1812 contra el monopolio estatal del negocio del tabaco. Cuando se aprobó lo que constituye la primera constitución, el Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia, se dispuso que “para el fomento de la provincia se permitirá… el comercio libre de todos los artículos o efectos de consumo…”. Necesidades expansivas. La gente trabajadora del Valle Central estaba urgida de las libertades de comercio y agricultura, por lo que esa apertura al mundo vino a satisfacer sus necesidades expansivas. Con la instauración del libre comercio cesaron las devastaciones de los piratas y la actividad productiva interna se ligó al mercado internacional. Ante esa apertura, los primeros estadistas costarricenses se dedicaron a impulsar la creación de la infraestructura necesaria para las exportaciones e importaciones. El jefe de Estado, don Juan Mora Fernández, pudo manifestar en esta tesitura en 1829: “…es un axioma bien conocido en la economía que los caminos de ambos puertos deben ser los primeros canales para crear y extender nuestro comercio y agricultura y que cuanto más expeditos y fáciles sean aquellos serán tanto mayores los progresos…”. No obstante las limitaciones de todo tipo de la naciente Costa Rica independiente, hay referencias a la construcción y mantenimiento de caminos y puentes, sobre todo hacia los puertos. La apertura al mercado internacional indujo al crecimiento y diversificación de la agricultura nacional. Se introdujeron nuevos cultivos y en 1832 se efectuó la primera gran exportación de café. El Estado impulsó un plan de colonización de las tierras baldías. Inmigración y tecnología. Se recibió con beneplácito un decreto de la República Federal que favorecía la inmigración de extranjeros hacia Costa Rica. La importación de herramientas elevó la productividad agrícola. Con el metal extraído de los Montes del Aguacate se realizaron las primeras acuñaciones de moneda, lo que permitió a Costa Rica incorporarse a la economía monetaria indispensable para una nación exportadora. Todo lo anterior hizo posible que pudiera informarse muy temprano en la historia de Costa Rica: “… a merced de la libertad de entablar relaciones mercantiles con los comerciantes de otras Naciones tenemos nuestros Puertos traficados continuamente… la influencia del comercio sobre los costarricenses pone en movimiento la agricultura y la industria…”. El 12 de febrero de 1827, en un informe de la Municipalidad de San José hay referencia a la situación de la ciudad en estos términos: “…que por la libertad de comercio y arribo continuo de barcos por el sur, la industria en el comercio y la agricultura se encuentra en mucho adelantamiento, pues las cosechas de dulce, maíz, azúcar, frijoles y demás frutos aun no bastan para llenar el consumo del pueblo y surtido de los barcos; que por la misma razón han tomado otro mérito dichos efectos, pues el café, además de haber doblado este año su cosecha, se halla en estimación y los mismos cueros y petates y demás cosas de extracción, con que se han avivado el tráfico de los pueblos, a pesar de ser malos los caminos…”. Lo anterior ha permitido concluir que la política económica de apertura al mundo impulsada por los primeros estadistas costarricenses logró la superación de las limitaciones coloniales caracterizadas por el estancamiento, el impedimento a las libertades de industria y comercio que llevaban a la pobreza. Decisión correcta. Eso fue bueno para Costa Rica y sigue siendo la decisión correcta. Cierto retroceso se ha dado y se ha mantenido por la intervención excesiva del Estado en querer ser todo sin tener facultades para ello: educador, sanador, asegurador, constructor, vigilante, empresario, banquero, dueño de muchas cosas que podían ser mejor usadas y administradas por la sociedad, que es más creativa, productiva y servicial que el Estado, sin perjuicio de la inspección del Estado en lo que atañe al cumplimiento de tareas referentes al bien común, pero sin convertirse en el Estado que en todo se mete, dificulta el ingreso de mercancías, en todo estorba , desperdicia sin conciencia todos los recursos y casi todo lo hace mal. Por ello, lo que signifique apertura al mundo en beneficio no solo de los exportadores, sino, sobre todo, del consumo por los ciudadanos de artículos diversos provenientes del ancho mundo, sin trabas excesivas de orden aduanal y sin monopolios esclavizantes, será un bien para Costa Rica. El Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica va orientado en la misma dirección en que actuaron los visionarios costarricenses de los comienzos de la vida independiente, que tanto bien y gloria dieron a Costa Rica. Esas han sido raíces costarricenses: apertura al mundo.
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