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Opinión EliseoQuesada equesada@nacion.com Editor Un día soñé que de verdad el deporte de Costa Rica era alguien en el ámbito deportivo internacional. Soñé que enviábamos delegaciones capaces de pelear por el título en los Juegos Centroamericanos; que podían colarse entre las cinco mejores de los Centroamericanos y del Caribe; que eran capaces de aparecer entre las diez primeras de los Panamericanos; que lograban que se tocara al menos una sola vez el himno nacional en unos Juegos Olímpicos. Soñé que el Comité Olímpico dejaba atrás el culto a la personalidad y de verdad se preocupaba por darles a los atletas mejores condiciones para prepararse, foguearse y desarrollar sus talentos gracias a una estrategia de largo plazo bien diseñada por una comisión técnica que premiaba la capacidad del atleta y no su grado de amistad o lealtad con las autoridades olímpicas del país. Soñé que el Estado también daba su apoyo al deporte de alto rendimiento con un plan de desarrollo bien diseñado, a prueba de amiguismos, intereses personalistas o politiquería y capaz de soportar la desidia que durante años ha estancado las instituciones gubernamentales encargadas de impulsar el crecimiento deportivo del país. Soñé que los atletas se olvidaban de las excusas y que por fin se decidían a conquistar el apoyo de las empresas privadas, demostrando lo que son capaces de hacer, como ya lo hicieron aquí, entre otros, las hermanas Sylvia y Claudia Poll, ErnestoLobito Fonseca, Alejandro Ramírez y más recientemente Leonardo Chacón, quienes se ganaron el respaldo de las empresas gracias a sus resultados y a la determinación de no quedarse sentados esperando que alguien les llegara a tender la mano. Soñé que en el futbol se acababa el conformismo para darle paso a la consigna de ser mejores cada día, y superar hoy lo que hicimos ayer y mañana lo hecho hoy. Pero al despertar me di cuenta que todo era solo un sueño, y que en el cuadro de medallas de los Juegos Panamericanos solo sumamos frustraciones, y que en el futbol seguimos resaltando que “no importa lo que diga la crítica, jugamos bien, y si perdimos fue solo porque el futbol es así, pero nosotros salimos con la frente en alto porque nos esforzamos”. Y que el deporte sigue estancado porque “yo no tengo la culpa de los malos resultados, sino aquel” o porque “como a mí nadie me ayuda, no puedo lograr los objetivos”. Así que si quiero ver medallas en Olimpiadas o triunfos en mundiales, no me queda más que esperar la noche y seguir soñando.
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