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Crispación política Enrique Gomáriz Moraga Fundación Género y Sociedad Agradezco los comentarios de don Arturo Reig Tapia, embajador de España en Costa Rica ( La Nación, 11/7/07 ), sobre mi artículo acerca de la crispación política de ese país y, especialmente, los elogios que hace de mis conocimientos de la historia española, aunque su nota concluya tratando de mostrar que desconozco por completo la situación política actual. En realidad, creo que la dificultad de don Arturo es que no identifica bien desde dónde está hecho el texto que comenta. Así, comienza por asegurar que nuestra transición modélica enterró definitivamente cualquier posibilidad de retorno al enfrentamiento civil. Coincido plenamente. Siempre pensé que nuestra generación hizo un buen trabajo y, pese a mi modesta contribución como responsable político en instancias del PSOE, siento cierto orgullo al respecto. Pero, por eso precisamente, muchos demócratas españoles estamos bastante molestos con la posibilidad de que se nos emborrone una tarea que consideramos bien hecha. Nunca imaginamos que pudiera regresarse al viejo clima político de los enemigos implacables, revisando con ello el espíritu de la transición democrática. El argumento central del Embajador es que en este momento “no hay dos Españas irreconciliables y dispuestas a reeditar otra Guerra Civil”, como si con ello quisiera contradecirme, cuando la pregunta que realmente hago es: “¿Cuáles son, entonces, las razones que explican el resurgimiento de ese enfrentamiento político sin paliativos, propio de aquellas dos Españas irreconciliables?”. Polarización excesiva. No hace falta repasar los indicadores de prosperidad de la España actual para concluir que ese clima no se justifica desde la economía. Pero, en el plano sociopolítico, la situación es más compleja. El problema sería menos relevante si el enfrentamiento fuera únicamente entre élites políticas. Pero todo indica que la crispación actual tiene detrás amplios sectores que responden a culturas ideológicas bastante diferentes y enfrentadas. ¿Peligro de guerra civil? Desde luego que no, pero la polarización excesiva no es buena en un país que arrastra pulsiones centrífugas o terroristas. Don Arturo defiende la estrategia del PSOE (demasiado enfáticamente para un embajador) sosteniendo que tiene todo el derecho de hacer alianzas específicas con minorías sociales y políticas. Desde luego que lo tiene, pero hay que medir las consecuencias de esa estrategia. Hasta ahora, los socialistas gobernaron operando con dos canastas: en una mantenían ciertos consensos básicos con los conservadores (terrorismo, Estado autonómico, entre otros) y en otra realizaban acuerdos legítimos con las minorías. Muchos criticamos la especial preocupación de González por la primera, pero hoy tenemos nostalgia del sentido de equilibrio que mantuvo aquel Presidente de Gobierno. Y no importa si fue la derecha la que buscó la ruptura de ese equilibrio desde el inicio de esta legislatura: el Gobierno debería medir mejor qué significa aceptar esa dinámica y gobernar cautivo de los planteamientos de sus aliados minoritarios. Respuesta sesgada. Sostengo que eso tiene consecuencias en términos de mayorías sociales. La mayoría puntual que se obtiene con algún acuerdo radical no opera en el vacío y tiene efectos sobre los sectores más amplios. E insisto que ello se ha puesto de manifiesto en las pasadas elecciones municipales, ganadas por el Partido Popular, según el propio Zapatero, y que eso ha sucedido especialmente en las ciudades. Arturo Reig da una respuesta sesgada: dice que el PP ha ganado sobradamente en Madrid y Valencia, pero que ha perdido en otras capitales importantes. Claro, si lo que quiere decir es que en ellas el PP no ha obtenido la mayoría absoluta, tiene razón, pero sucede que en casi todas ha quedado como la minoría mayor y ha aumentado sus votos, mientras el PSOE los ha disminuido. Si el PSOE va a gobernar esas ciudades, será en alianza con los sectores minoritarios, con lo que su capacidad de gobierno quedará aún más condicionada por tales acuerdos. Y, así, la dinámica de polarización seguirá su curso. Sí, don Arturo, hay una grave crispación política que recuerda el clima de las dos Españas irreconciliables (sin que ello tenga nada que ver con guerras civiles); el actual Gobierno opera desde sus acuerdos con los sectores minoritarios, lo que le está restando apoyo en términos de mayorías (aunque tenga todo el derecho de hacerlo), y, desde luego, el PP sí tiene motivos para congratularse del resultado de las elecciones municipales (sin que ello establezca ninguna determinación de que, por tanto, ganará las generales). Que es lo que yo sostengo, sin apostillas que no me pertenecen.
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