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Juventud y TLC El TLC se ha convertido en el chivo expiatorio de todo lo que anda o podría andar malEnnio Rodríguez Economista Hay muchos jóvenes partidarios del TLC, pero el “no” se ha constituido para muchos en un tema de identidad generacional, de canalización de una protesta, una expresión de malestar. Así, el TLC se ha convertido en el chivo expiatorio de todo lo que anda o podría andar mal. En este estado de ánimo, poco importa la realidad limitada, en su alcance, de un tratado comercial. El TLC es el pararrayos que aglutina el malestar y da sentido de lucha a gran parte de una generación de estudiantes y sus profesores, no tan jóvenes, pero que también comparten sentimientos, frustraciones y sentido de protesta. Tres elementos de economía política y dos simbólicos se conjugan, entre otros, para dar pie a condiciones que podrían explicar este estado anímico de malestar y desesperanza. En primer lugar, la falta de crecimiento sostenido ha sido determinante en el estancamiento de la pobreza y en el aumento limitado del ingreso de todos los costarricenses. En segundo lugar, se ha deteriorado la distribución del ingreso entre los asalariados. El crecimiento del empleo ha beneficiado en mayor medida a los poseedores de mayor educación y capacitación, al mismo tiempo que la brecha educativa se ha mantenido (falla de una política universal). En tercer lugar, las políticas sociales selectivas no se habían enfocado adecuadamente hacia los más necesitados, ni apuntalado las políticas universales mediante la remoción de los factores de exclusión social. La combinación de estos tres factores ha detenido en gran medida la movilidad social ascendente de las familias de ingresos medios y bajos, mientras que parece haberla acelerado para los estratos medio alto y alto.
Resentimiento social. Las consecuencias de estos tres factores se conjugan en el terreno de los símbolos, de manera que se tiende a exacerbar los estados anímicos de frustración y malestar. La movilidad social descendente o estancada para más de la mitad de la población ocurre en medio de una verdadera explosión de las posibilidades de consumo para quienes tienen dinero y, en el plano simbólico, de un aumento del exhibicionismo de los consumidores. El resentimiento social resultante de hoy no tiene parangón en nuestra historia. La creciente brecha en los niveles de consumo se enrostra a los que más tienen, al tiempo que disminuye la solidaridad social. El segundo elemento simbólico es la depreciación del símbolo nacional de carne y hueso: el Presidente de la República. Toda sociedad necesita de símbolos para lograr una cohesión nacional y sentido de pertenencia y de un futuro compartido. En aquellas sociedades en que no existe una monarquía, la figura del presidente ocupa un lugar preponderante. En nuestro caso, las denuncias de corrupción de expresidentes y la falta de señorío en el ejercicio de la presidencia, en el pasado, han devaluado el papel simbólico del presidente y coartado su posibilidad de ejercer un liderazgo natural. La falta de credibilidad se extiende a la clase política. Los planteamientos de los dirigentes políticos se cuestionan automáticamente y, para muchos, no existe siquiera el beneficio de la duda. El símbolo negativo del consumismo se suma a la devaluación del símbolo patrio encarnado. Todo pueblo necesita de símbolos positivos, además de pan, para estar tranquilo. Semilla de confianza. En este mundo simbólico y de desesperanza, poco importan los tecnicismos del libre comercio, las características de este TLC o del tratado perfecto, pero inexistente. El “no” es la expresión del malestar. En contraste, el “sí” es parte de una respuesta concreta a los desafíos del crecimiento, la distribución del ingreso y la efectividad en las políticas sociales, y también un esfuerzo personal del presidente Arias por restaurar el señorío de la primera magistratura de la República y replantar la semilla de la confianza en una gestión que hace gala de transparencia y de criterios técnicos. Es un abordaje de las causas profundas del malestar y la desesperanza. Mientras tanto, el “no” es la manipulación del malestar por los líderes del neopopulismo proteccionista, sin respuestas sólidas a las causas de ese malestar.
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