 Suben un cartel con la imagen Augusto César Sandino
(AFP)
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MANAGUA (AFP) -
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, celebrará el jueves el 28 aniversario del triunfo de la revolución sandinista que él mismo dirigió en los años 80, en medio de incertidumbre sobre el rumbo político y económico que tomará su gobierno, al que retornó en enero pasado.
A la ceremonia fueron invitados los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez -principal aliado de Ortega-, de Bolivia, Evo Morales, y de Ecuador, Rafael Correa, representantes del gobierno cubano que forman parte del bloque de izquierda en el hemisferio, así como jefes de estado de Centroamérica entre otros, informaron fuentes oficiales.
El gobierno ha manejado con hermetismo los gobernantes que confirmaron su asistencia al acto sandinista, al que aseguró su presencia el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, quien informó que tiene previsto reunirse con Chávez en Managua el jueves.
Los festejos tendrán lugar en la recién restaurada Plaza de la Revolución, donde el guerrillero Frente Sandinista (FSLN, izquierda) entró triunfante el 19 de julio de 1979 para proclamar su victoria sobre la dictadura de la dinastía de la familia Somoza, que gobernó Nicaragua durante 45 años.
Tras el derrocamiento de la dictadura se instaló un gobierno revolucionario de corte socialista que dirigió Ortega hasta 1990, cuando los sandinistas perdieron el poder tras celebrarse elecciones.
Ortega regresó en enero pasado al gobierno mediante el voto popular y con la promesa de respetar la democracia, el libre mercado y erradicar la pobreza (70%) tras pasar 16 años en la oposición, en los que consolidó su liderazgo dentro del FSLN, con el cual "gobernó desde abajo" mediante protestas y cuestionadas alianzas con la derecha.
Las expectativas que su retorno al gobierno creó entre los sectores pobres y sus propios detractores comenzaron embargo a desinflarse con las medidas que Ortega adoptó en los primeros meses de su gestión, en los que se dedicó a fortalecer su poder, reprimir a sus críticos y realizar despidos masivos para contratar a sus seguidores.
"Creemos que Ortega en esos seis meses ha hecho mucho de política y poco de gobierno, porque se ha dedicado más a tratar de asentar a su partido en el poder y a constituir un sistema que le permita dar un viraje similar al que impuso" en los 80, afirmó a la AFP el dirigente opositor Eliseo Núñez.
Para la oposición, la decisión de Ortega de despachar desde la sede de su partido, de restringir la información publica, prohibir a sus funcionarios que hablen con la prensa sin permiso y el férreo control que ejerce sobre los empleados, han debilitado la institucionalidad del gobierno.
La alianza de Ortega con Venezuela, Irán y países adversos a Estados Unidos, también generaron preocupación en la oposición y organizaciones civiles, que temen que Nicaragua -uno de los países mas pobres del hemisferio- pierda la confianza internacional y se vea envuelta en un nuevo conflicto.
Organizaciones y movimientos sociales y de derechos humanos por su parte han cuestionado el "autoritarismo" de Ortega y su intento de acallar a sus opositores usando la justicia y otras entidades para promover procesos o acciones en su contra.
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