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Lo que fue y ya no es

El TLC no mata ni resucita, pero nos permitirá salir del deterioro

Fabio Carballo P.
Abogado

Creo que nos han logrado vender –con éxito– la idea de que con la aprobación del TLC se nos va a morir la Costa Rica que crecimos amando, aquella donde la pobreza era una condición socioeconómica y no una actitud, la misma donde las botellas de leche y el pan amanecían en la puerta de las casas, (es cierto, se los juro, así era…), la Costa Rica del respeto y del señorío –fuera quien fuera, viniera de donde viniera–, la de profesionales con sentido social (no de eslogan sino por convicción), la del bus a diez que después subió a una peseta, la que no había asistido a un Mundial ni iba a asistir nunca, la del piel roja de la televisión.

Era una Costa Rica buena, la de los niños cansados de jugar en cafetales hasta que anochecía, aquella en la que el olor a manzanas y uvas mezclado con aserrín era un indicador económico de que como país y como pueblo seguíamos progresando. Era una Costa Rica solidaria, con sentido social, donde curas y comunistas peleaban hombro con hombro por el trabajador y la que engrandecía el logro del enemigo político, por que era justo y bueno para el país.

Educación, salud y servicios. Y es que el ICE nos asombraba constantemente con sus novedades tecnológicas, la Caja nos daba la seguridad de recibir el mejor tratamiento disponible para la época y nuestra educación era admirada por propios y extraños.

Desgraciadamente, esa Costa Rica ya murió. Y hace rato. Ni la mató el TLC ni usted es cómplice de ese asesinato.

El ICE sí nos sigue asombrando, pero ya no en forma positiva. A mí me asombra que le dijeran al país –y que además esperaran que le creyeran– que no se habían dado cuenta de que a los embalses y a los ríos se les estaba bajando de nivel durante el verano; que le estaban pidiendo a la Virgen de la Cueva que lloviera antes que estallara la crisis me suena más creíble. Asombro me causó, y no del bueno, cuando entregaron las guía telefónicas del 2007 en junio. Tampoco ayudó el comprobar que en cualquier país de Centroamérica (nótese que no dije EE. UU. o Europa) se obtiene una línea celular en unos 10 minutos por $5 o $10, dependiendo de donde la compre, cuando con el ICE es necesario nombrar heredero del aparato, pagar certificaciones notariales, hacer depósitos de garantía en efectivo, llevar tres juegos de copias fotostáticas (por cierto, ¿dónde las tienen guardadas?) presentar facturas y recibos, para tener derecho a hacer largas filas hasta que se agoten las pocas líneas que alguien calculó eran más que suficientes para el país.

En cuanto a la Caja y la educación, bueno, creo que ya me entendió el punto…

Sabiduría y salvaguardas. Volviendo al tema, la Costa Rica de ahora, tristemente ya nos es la de antes. El TLC, de ser aprobado, no la va a matar, porque ya murió, así como si gana el “no”, tampoco la va a resucitar. Ojalá fuera tan fácil. Aquí lo que estamos votando es por un instrumento que, manejado con sabiduría y con las salvaguardas legales correspondientes, nos permitiría salir de la Costa Rica que estamos ahora, a la que forjaremos con nuestro trabajo mañana. Ni más ni menos.

El pasado ya se nos fue, lo que tenemos no nos gusta, por lo que lo lógico es apostar al futuro. En todo caso, lo cierto es que, si como país no decidimos hacia dónde queremos ir, terminaremos yendo hacia donde otros quieran que vayamos. Con su permiso, yo prefiero hacia delante.

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