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Opinión José LuisRodríguez C. jorodriguez@nacion.com Periodista Que Michael Ramírez haya ganado el título de campeón nacional de motovelocidad sin tener la pierna izquierda no es algo que me sorprenda. Recuerdo que el pasado 27 de marzo, día en que lo entrevisté, me sorprendió su forma natural y valiente de enfrentar la vida aún sin tener la extremidad. Ese día, allá en la agencia de Yamaha donde Ramírez laboraba, él me habló de su vida, su accidente y sus metas durante hora y media, sin mostrar ni un solo dejo de tristeza por lo ocurrido apenas 17 meses atrás –octubre del 2005–. En aquella conversación el joven, quien es hijo de José Antonio Tigre Ramírez y sobrino de Juan Carlos Calín Ramírez, ambos excampeones de la modalidad, me hizo saber que el auto con el que había chocado le había quitado la pierna, pero no sus sueños. Es por ello que el lunes, cuando me enteré de que había ganado la categoría de 250 cc en La Guácima, lo primero que me vino a la cabeza fue la frase que siempre usa mi padre: “un guerrero puede perder una batalla, pero nunca se rinde”. Michael, de 26 años, es el claro ejemplo de ese guerrero, luchador o pulseador, en un tono más criollo, que no se deja vencer por el destino, aunque a veces da la impresión de estar en contra. Y es que lo hecho por este singular piloto se acentúa porque para volver a montar una moto Ramírez tuvo que modificar la máquina para que los pedales que antes iban a la izquierda ahora estuvieran a la derecha o, en último caso, pasarlos a la manivela. Librados tales obstáculos Ramírez corrió la primera fecha del torneo, en la que en el primer heat se fue al suelo y en el siguiente ni siquiera pudo terminar, resultados que apenas lo hicieron notar. Mas, su tesón y espíritu de lucha volvieron a mostrarse, y tras competir en las dos siguientes jornadas sumó los puntos necesarios para emerger como monarca. Sorprendido por el resultado, Michael le dijo a mi colega, Francisco Angulo, que ser campeón era algo que él mismo no imaginaba. Claro, a pesar de que el objetivo de cualquier competidor es alcanzar la cima, él sabía que sin una pierna había que modificar el manejo y que esto tomaría tiempo. “No es lo mismo cuando las piernas le sirven de guía a uno para saber qué tan cerca está del suelo, que no tener dicha ayuda”, había explicado Ramírez. Pero, como buen luchador él se adaptó rápido y hoy, como campeón, demostró que sin importar si el rival de turno está al lado o dentro de uno mismo, lo importante es nunca dejarse rendir.
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