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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com “Los fraudes notariales –declaró ayer en La Nación la primera vicepresidenta de la República, Laura Chinchilla– son una vergüenza para el país”. “Hay una masificación –agregó– de los notarios”. Y hay también, bien lo sabemos, una masificación y un refinamiento de la corrupción. El refinamiento es de tal calibre que no solo se fabrican matrimonios por poder a cantaradas, sino que unos 118 notarios –machos y hembras por igual– han logrado “resucitar” a 146 muertos para traspasar bienes y obtener placas de carros. Uno de estos se adueñó tres veces de la propiedad de una extranjera. Otros han despojado de su herencia a las viudas. Este retorno notarial a la Tierra supera el proyecto de Franklin Chang del motor de plasma para conquistar el planeta Marte y cualquier otra hazaña desde los albores de la humanidad. Somos únicos. Como dice Ottón Solís, somos excepcionales. Las mafias, pues, no están fuera, y las conspiraciones contra la patria y la soberanía no se fraguan en Washington o Pekín, en los antros del capitalismo salvaje o en las mazmorras del neoliberalismo. Las mafias están aquí, entre nosotros, en nuestro Estado solidario, donde la inseguridad ciudadana y jurídica, como la suciedad ambiental, han llegado a un nivel vergonzoso, con el agravante de que tenemos una capacidad desbordante para buscar siempre, en otras partes, a los malvados porque nosotros vivimos en olor de santidad. El fraude notarial es viejo, potenciado, ahora, por la masificación de los abogados y de los notarios. ¿Por qué? Porque la falta de honradez domina nuestra geografía nacional, en todos los campos, y porque producimos 3, 8 abogados al día. Y ¿por qué? Porque en Costa Rica –dicho sea con todo respeto– cualquiera se hace abogado. ¿Por qué? Porque la oferta de escuelas de Derecho es inmensa y, obviamente, lo que importa es el lucro y cualquiera es profesor de Derecho. Así, la profesión de abogado –sea dicho, de nuevo, con todo respeto– es la más desprestigiada. Duele decir esto, pero los hechos lo confirman. Lo lamentamos por las buenas escuelas de Derecho y por los buenos abogados y profesores… cada vez menos. Esto, amigos, es una tragedia nacional. Si se prostituye el Derecho, desde la cátedra y desde el bufete, el precio desplaza, entonces, los valores éticos, se degrada el Estado de derecho, se rebaja la democracia representativa, se hace mofa de la democracia, y la judicatura, el bastión de todo, sufre en carne propia las consecuencias. Lo estamos viendo en el poder de las mafias y en la confusión de conceptos. Hasta llega un embustero que se proclama Cristo resucitado y miles de personas lo siguen…
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