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/LA NACIÓN

Y le decían Negrito

Un hombre de baja estatura, pero de un espíritu de trabajo gigantesco

Fernando Gutiérrez Coto
Corresponsal de La Nación

Tenía gran capacidad de aprendizaje, aunque no había pasado de segundo grado, pero eso le bastó para leer, escribir y para un razonamiento lógico, parte de lo que ahora llaman inteligencia emocional.

Huérfano total a los 7 años, a mediados de 1920, le truncó seguir en la escuela y lo obligó a luchar por su subsistencia en disímiles trabajos, en la soledad rural en Cachí.

Primero fue mozo de limpieza y mandadero en la casa de un señor Vincent, administrador de la hacienda Cachí, pero apenas tenía un tiempo se daba vuelta por el taller mecánico para observar a los operarios en plena labor.

Y mirando aprendió: de mecánica automotriz, de electricidad, de soldadura… después a operar la pequeña planta eléctrica, que permitía realizar las “beneficiadas” de café en la noche y medio iluminar –por horas– al pueblo.

Aquellas habilidades innatas hicieron que se le ascendiera a jefe de taller, donde también extendió su mano generosa para que otros aprendieran.

Del camión a los ataúdes. En esos ajetreos laborales, se incluía manejar camión como “chapulín”, arreglar los aparatos electrodomésticos de la “Casa Grande” de la familia Murray, dueños de la finca-pueblo o pueblo-finca que siempre ha sido Cachí. Era trabajador con disponibilidad de 24 horas, y era común, cuando no estaba de turno, que se le despertara porque había un desperfecto en la planta, o se había muerto un cachiceño, y en aquella planta bajo llave y también bajo su responsabilidad estaban alineados los ataúdes en que se enterraba a la peonada y a sus familiares.

Tenía gran inventiva, lo mismo hacía un descascarador de maní que una ducha de agua caliente, o un juego de luces en una pantalla para las rifas, el que reemplazó por mucho tiempo, en las fiestas patronales de Santa Isabel, a los tradicionales cáñamos.

Disfrutaba ser un servidor comunal, ayudar a la gente a través de sus conocimientos en mecánica, y esas facetas son muy recordadas en su pueblo adoptivo.

Había llegado a Cachí, procedente de Curridabat, viaje en carreta con su madre, Juana, transporte que los dejó en Paraíso y de allí, solos, se enrumbaron por trillos en busca de una mejor vida, que en aquel tiempo era la recolección de café.

Tormentas y marimba. Tuvo la suerte de encontrar en su esposa, Trinidad Coto, el soporte emocional y de cariño que le faltó en parte de su niñez, y muchas de las tormentas que no faltan en la vida las logró superar junto a ella y la “marimba” de hijos que procrearon.

Los “cuarteles de invierno” le llegaron y, todavía cerca de los 80 años, le gustaba estar trabajando.

Un mal día, un derrame cerebral minó a aquel hombre de baja estatura, pero de un espíritu de trabajo gigantesco. Solo sus cansados ojos querían rebelarse ante el designio de Dios, pero hace 6 años no pudo más...; dos años antes había partido su amada esposa, lo que gracias a Dios no sufrió, porque ya había perdido la conciencia de las cosas.

Todos en Cachí le decíanNegrito , aunque sus rasgos más bien eran indígenas, los que nos heredó. Sí, porque RafaelNegrito Gutiérrez, fue mi padre...

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