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El índice Big Mac La intervención prolongada del Banco Central en el mercado cambiario(10 meses hasta hoy) no puede justificarseEjercicio saludable: es bueno cruzar la calle, de vez en cuando, para ver por dónde va el mercado… ¿Le gustan las hamburguesas? Independientemente de los gustos y preferencias personales por ese tipo de comidas, de sus cualidades o limitaciones nutritivas, bajos precios y celeridad del servicio, las famosas Big Mac de McDonald’s se han convertido en un índice fácil y divertido para comprender las reglas básicas de la economía internacional. Al menos, así lo cree la prestigiosa revistaThe Economist, que ha venido calculando el índice Big Mac por espacio de veinte años . Todo lo que tiene que hacer un banquero central es cruzar la calle a la hora de almorzar, disfrutar un Big Mac (sin papitas) y entrar a Internet para comparar su precio, en dólares, con el valor de la misma hamburguesa en cualquier ciudad americana. Quizás gane algunas calorías de más. Pero sabrá, de inmediato, si el tipo de cambio está o no sobrevaluado. La racionalidad detrás del índice Big Mac es la conocida teoría de la paridad del poder de compra (PPP), según la cual un dólar americano debería ser capaz de comprar los mismos bienes y servicios en cualquier parte del mundo. Y Costa Rica no debería ser la excepción. El tipo de cambio de paridad es el resultado de dividir el índice de precios externo, usualmente una canasta de bienes y servicios comparables internacionalmente, entre el índice de precios de la misma canasta en el país. Así se determina el tipo de cambio real. El Big Mac no es una canasta de bienes, claro está, aunque incluya pan, dos tortas de carne molida, tomate, lechuga, pepinillos, cebolla, especias, salsas y, quizás, alguna otra curiosidad para darle sabor que, de momento, se nos escapa, más insumos indirectos como alquileres, que, dicho sea de paso, han subido significativamente en el país. Pero sí se transa abundantemente en casi todas las naciones del mundo, alrededor de 120 países segúnThe Economist , número similar a la membrecía actual de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o el Fondo Monetario Internacional (FMI). Si sus precios se traducen a una moneda común –el dólar de los EE.UU.– a los tipos oficiales de cambio, las diferencias existentes reflejarán una medición aceptable de cuán sobrevaluada o subvaluada podría encontrarse una moneda frente al dólar. En la última edición del índice Big Mac publicado porThe Economist se incluyeron los cálculos para el colón costarricense. Según esa versión, la hamburguesa costaba $3,41 en los Estados Unidos y, simultáneamente, ¢1.130 en Costa Rica (actualmente cuesta ¢1.540 según hicimos notar en nuestros reportajes del 13 y 14 de julio), por lo que, en términos de dólares, su precio era de $2,96. Es decir, una hamburguesa costaba un 13% menos en la esquina opuesta al Banco Central de Costa Rica que en un restaurante McDonald’s en cualquier ciudad de los EE. UU. Por lo tanto, el tipo de cambio del colón por el dólar debería ser un 13% más bajo, o sea unos 451 colones por dólar en vez de 519 por dólar, como se cotiza actualmente en el mercado cambiario. Por eso, se podría argumentar que el colón está subvaluado en un porcentaje alrededor del 13%. Sabemos, desde luego, que la teoría de la PPP tiene sus limitaciones –excluye, por ejemplo, bienes no transables internacionalmente, como salarios– y que sus cálculos casi nunca son exactos. Pero tampoco es una idea desprovista de racionalidad. Al fin de cuentas, la mayor precisión y exactitud solo proviene de la oferta y demanda de divisas en un mercado libre, desprovisto de intervención oficial. Sin embargo, durante años, el Banco Central ha administrado el tipo de cambio. Las metas de devaluación han prevalecido –y aún prevalecen– sobre las metas de inflación, en contraposición a los fines esenciales de todo banco central. Los exportadores han recibido cuantiosos subsidios indirectos a través de la política cambiaria, y los consumidores costarricenses han debido soportar el ajuste de la mayor inflación o mayores precios de los productos importados. La intervención prolongada del Banco Central en el mercado cambiario (10 meses y con miras a prolongarse) no puede justificarse de ninguna manera, pues no se ha hecho para contrarrestar movimientos especulativos y temporales en contra de la moneda nacional, sino para evitar que el mercado fije el verdadero valor real del colón. Esa intervención implica distorsiones a la asignación de los recursos productivos y mayor inflación en detrimento de la mayoría de los costarricenses. Tampoco se justifica reducir más las tasas de interés, que se encuentran negativas en términos reales. Así como los precios del Big Mac y la gran mayoría de los bienes y servicios se determinan libremente en el mercado, el tipo de cambio debería correr la misma suerte. Como dijimos al principio, averiguar si el tipo de cambio oficial está desalineado no es tan difícil. Solo implica cruzar la calle de vez en cuando para averiguar por dónde va el mercado. Sería un ejercicio saludable para la economía nacional.
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