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Sociedad y Servicios Hombre fallecido hace 20 años ‘volvió’ para vender un terreno Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Como si hubieran regresado de ultratumba, en los últimos cuatro años, 146 personas “aparecieron” para gestionar ante el Registro Nacional ventas, donaciones o hipotecas de terrenos que en vida les pertenecieron. Ellos “acudieron” ante notarios para legalizar las gestiones y al estampar sus firmas –algunas muy parecidas a las originales– “colaboraron” con redes de estafadores.
Entre el 2003 y julio del presente año, el Registro Nacional denunció a 118 notarios que certificaron la comparecencia de personas fallecidas. Muy pocos de los abogados afrontan consecuencias legales o disciplinarias. “Las condenas no llegan ni al cinco por ciento pues los abogados se aprovechan de portillos y excusas para enredar los procesos”, explicó el director del Registro, Dagoberto Sibaja. Algunos casos rayan en lo increíble. Víctor Julio Rodríguez Álvarez murió el 12 de diciembre de 1983, cuando tenía 26 años. Dos décadas más tarde (el 18 de junio del 2003), compareció ante un notario de apellido Méndez para vender una propiedad. Algo parecido ocurrió en el caso de Raúl Sánchez Vargas, un hombre nacido en Pila Angosta de Nicoya que murió el 1.° de enero de 1982 a sus 24 años. El 17 de diciembre del 2002, Sánchez “firmó” un documento para dejar sin efecto una escritura. De su presencia dio fe un notario de apellido Rodríguez. Vuelta a la vida. “La falta de controles en el ejercicio de la actividad notarial ha sido un incentivo para que algunos notarios incursionen en fraudes”, consideró la ministra de Justicia y vicepresidenta de la República, Laura Chinchilla. La familia de Luis Fernando Sánchez Alfaro, un vecino de Guadalupe de Alajuela que falleció el 17 de setiembre del 1999, teme que desconocidos se apropien del terreno en el que vive la viuda. El 12 de mayo del 2006, Sánchez “compareció” a las 9 a. m. ante un notario de apellido Miranda para donar el inmueble. “Papá solo tenía una propiedad; precisamente el sitio donde vive mi madre. Nadie de la familia ha efectuado gestión alguna para donarlo”, indicó Orlando Sánchez, uno de los hijos del matrimonio. Casos similares hay por todo el país. Milena Álvarez, una vecina de Alajuelita, desconocía que su papá aún tuviera tierras. Le cuesta creer que su padre, Bernardo Álvarez González, donara su finca de Manchuria de Buenos Aires, Puntarenas, el 13 de junio del 2006. Ese acto fue “certificado” por un abogado de apellido Álvarez. Lo extraño es que el señor falleció el 13 de junio de 1994 a la edad de 86 años. “Yo tenía entendido que papá había vendido esa propiedad hace muchos años, cuando yo era una niña. Él tenía café, pero cuando dejó de producir ganancias se cambió a la siembra de frijoles y maíz. “No sé a quién se supone que donó la propiedad; de ese terreno no hemos tenido noticias en años. Ahí vive una gente que no conozco”, señaló la joven. Vendedor de ultratumba. Abel Zúñiga Arce tenía 15 años de fallecido cuando “solicitó” a un notario de apellido Cano –el 4 de abril del 2003– que protocolizara la venta de un lote en la zona sur. La familia del señor –son vecinos de Corredores, frontera con Panamá– asegura que ninguno de los terrenos está en venta. “Papá murió y nunca arregló papeles. Él era comerciante y tenía fincas. Nosotros hicimos una gestión pero para nombrar a mamá como albacea (custodia de los bienes); no hemos autorizado la venta de ningún lote”, comentó Wilfredo Zúñiga, un hijo del señor. No menos curioso resulta el caso de Nixon Calderón Carvajal. Tres meses después de fallecido, el hombre “regresó” para donar a su esposa la casa de Curridabat. Este músico –miembro del mariachi Hermanos Calderón– murió de un infarto el 10 de junio de 1997. Tenía 33 años y era padre de tres hijos pequeños. La propiedad al final no cambió de manos. “Me di cuenta de eso hace pocos días. Mi intención era que un abogado (de apellido Ramírez) me traspasara la propiedad; se supone que iba a hacer un sucesorio. En aquel entonces le di los papeles y como ¢200.000. Luego me desentendí”, explicó Viviana Sánchez, esposa del músico. Años más tarde la señora se enteró que otro abogado (de apellido Avilés, a quien no conoce) hizo una escritura en la que su esposo “solicitaba” trasladar a la señora el terreno mediante una donación. En esa fecha (11 de setiembre de 1997) estaba fallecido. “El abogado nunca me habló de una donación ni sé quién es ese Avilés”, dijo.
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