Búsqueda
Avanzada
Domingo 15 de julio, 2007
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Copa América 2007
Campeonato 2006-2007
Sitio de Mapas

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Caja de Cambios (Motores y transporte)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Texto preliminar del TLC Costa Rica-EE.UU. y noticias publicadas
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:

Foto Principal: 148860

La dolencia crónica del PAC

El partido aún se niega a asumir sus grandes responsabilidades

Eduardo Ulibarri

Como segunda fuerza política del país, el Partido Acción Ciudadana (PAC) debería analizar con frío realismo y meticulosa autocrítica lo que implican dos recientes resoluciones de la Sala Constitucional. Porque ambas representan serios retos para la agrupación, tanto en su capacidad de incidencia presente como en sus aspiraciones de gobierno futuro.

En ambos casos la Sala no actuó de oficio, sino como respuesta a consultas promovidas, principalmente, por los diputados del PAC. Si estos lo hicieron, fue porque creían que tenían razón, podían ganar y, al hacerlo, impulsar las estrategias del partido. Al perder, el golpe es real, y su impacto, indudable.

Ciertamente, como dijo Ottón Solís en un reciente artículo, que la Sala IV califique de constitucional el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, no implica, necesariamente, que sea favorable para el país. Porque sus defectos, por ejemplo podrían ser de orden político, económico o social.

Claro desmentido. Sin embargo, es un hecho que esa resolución destruyó el principal argumento que el PAC y otras agrupaciones enarbolaban contra el tratado: que violentaba nuestro ordenamiento jurídico y la naturaleza del Estado.

También es un hecho que, sin esa base, se derrumba el castillo de naipes de otros falsos males atribuidos al TLC, como violar la soberanía, conspirar contra el ambiente, perjudicar la salud o afectar nuestra territorialidad, puntas de lanza del PAC y otros sectores adversos al tratado.

Porque si esos y muchos otros principios, presuntamente en riesgo, están garantizados por nuestra Constitución, y si los magistrados dijeron que el Tratado no la contradice, quiere decir que el TLC tampoco los afecta.

Pero la Sala IV fue más allá en su voto de mayoría 2007-09469 y, explícitamente, dijo que el texto del convenio no perjudica los derechos a la salud, al acceso a las telecomunicaciones, a la protección del ambiente, al agua, los recursos naturales y las garantías laborales. Además, aclaró que tampoco permite expresamente el comercio de armas prohibidas por nuestro ordenamiento jurídico.

Pretender, entonces, que el fallo no constituye un serio golpe contra la esencia argumental del “no” y contra el PAC es, para decir lo menos, una ingenuidad, que revela una preocupante incapacidad de reflexión.

Honda repercusión. Esa resolución, del martes 3 de julio, es la que ha tenido un impacto público más inmediato, porque el TLC se ha convertido en un inevitable talismán de nuestra vida pública, y acapara un exceso de miradas. Pero la otra decisión, anunciada al día siguiente, puede tener implicaciones más permanentes para el PAC como principal fuerza de oposición.

Al avalar el uso de la llamada “vía rápida” para agilizar la votación de proyectos legislativos, incluidos los tratados internacionales, la Sala Constitucional desarmó una de las principales estrategias legislativas que, hasta ahora, había venido aplicando el PAC (como los Libertarios en el anterior cuatrienio), aunque lo haya negado públicamente: obstaculizar el trámite de proyectos clave que adversa y, así, evitar las votaciones legislativas.

El pasado jueves, por 38 votos, la Asamblea reformó su Reglamento para introducir esa figura, con lo cual se allanó el último obstáculo para que entre en vigencia.

A partir de estos dos reveses, lo más lógico y conveniente sería que el PAC repensara seriamente sus estrategias y decidiera, de una vez por todas, hacer una oposición verdaderamente responsable, que implica, sobre todo, hacer de la negociación política un ejercicio de seriedad, no un teatro de consignas.

Sin señales. Hasta ahora, sin embargo, no ha dado ninguna señal en este sentido. Al contrario, ha insistido en que se suspenda hasta el referendo la votación de cualquier proyecto que el partido considere relacionado con el TLC; de lo contrario, ha amenazado con mayor entorpecimiento legislativo.

Además, su función de control político cada vez se centra menos en el cuestionamiento consciente, serio y bien fundamentado del actuar gubernamental, y cada vez se reduce más al intento de desacreditar, con ligereza y escasa base, a funcionarios e instituciones.

La sospecha y la suspicacia, a veces en grado tan artificial que luce patológico, han recrudecido como recurso político preferido. Basta con leer los títulos de los incesantes boletines que divulga la fracción legislativa del PAC, para documentar esta destructiva tendencia.

La “operación embarre” contra el canciller Bruno Stagno, de la que ha sido protagonista el diputado Alberto Salom, es uno de los más lamentables ejemplos. No solo carece de real fundamento y tiene matices de vendeta por parte del legislador; más grave aún, al sustentarse en buena medida en insinuaciones y acusaciones lanzadas por el Gobierno de Taiwán con motivo del establecimiento de relaciones con China, Salom ha actuado objetivamente como si fuera (aunque, obviamente, no lo es) un instrumento de Taipéi. Curiosa prioridad para un legislador que, por su talento, podría ocupar mejor su tiempo e imagen.

Y, como colofón a este andar errático y riesgoso, el PAC no se ha distanciado suficientemente de quienes, desde el “no” contra el TLC, pretenden desconocer nuestra institucionalidad democrática.

Pareciera que su enfermedad es tan crónica que ni siquiera ha reparado en ella.

Gran responsabilidad. Si el PAC fuera un grupo menor, de carácter testimonial, no tendría mayor relevancia que todo lo anterior ocurra. Sin embargo, es el segundo partido nacional; durante dos elecciones consecutivas ha logrado ser punto de confluencia de importantes sectores del país, y se ha convertido en el referente democrático de la población desafecta, algo fundamental para nuestra estabilidad.

Cuando a todo lo anterior sumamos que, a excepción de Liberación Nacional, los demás partidos parecen estancados o en retroceso, se podrá aquilatar claramente la gran oportunidad, pero también responsabilidad, del PAC.

En este momento, es la única alternativa electoral frente al PLN; por ende, puede acariciar la idea de llegar alguna vez al poder. Sin embargo, su conducta revela una aguda insuficiencia en su capacidad propositiva, una falta de verdadero sentido de dirección, una intransigencia paralizante y una ausencia de marco conceptual que, eventualmente, oriente las decisiones de sus heterogéneos componentes.

Todo esto lo ha empujado, peligrosamente, a ser un partido de “contra”, volcado hacia las poses y actitudes, sin verdadero perfil para gobernar, y con una capacidad de triunfo directamente proporcional a la frustración del electorado con otras fuerzas políticas, no a su convicción sobre lo que propone el PAC.

¿Cambiará de actitud y de rumbo con el remezón de las dos resoluciones de la Sala IV? Que hasta ahora no haya dado ninguna muestra en ese sentido, no implica que sea incapaz de hacerlo oportunamente. Sin embargo, cada vez el tiempo es menor. Quizá el referendo (no importa cuál sea su resultado) sirva también como el punto de quiebre para un replanteamiento más profundo de la agrupación.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta