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A votar ‘sí’, ‘no’, nulo o en blanco Alejandro Urbina aurbina@nacion.com Director La inutilidad legislativa nos impuso el referéndum. Cincuenta y siete señoras y señores electos con el único propósito de representarnos y decidir por nosotros fracasaron en el caso del Tratado de Libre Comercio con EE.UU., Centroamérica y República Dominicana. Gracias a don José Miguel Corrales, los costarricenses ahora tenemos la obligación de decidir el futuro. Este futuro no se limita al TLC , sino que abarca mucho más. El 7 de octubre Costa Rica definirá qué rumbo desea seguir: uno de integración al mundo con apertura de mercados, o uno aislacionista con mayor participación estatal. En alguna medida, el referéndum constituirá unreprise de las pasadas elecciones entre el pensamiento de Óscar Arias y el de Ottón Solís. En ese entonces cada cual definió su posición ante el TLC: Arias inequívocamente a favor y Solís, como acostumbra, convenientemente en contra. En octubre decidiremos de una vez por todas qué rumbo queremos. Tanto el Presidente como el aspirante apostaron a su futuro , y el país, al resultado de la consulta popular. Afortunadamente las reglas del referéndum, definidas por ley, nos permiten participar a todos, y todo voto contará. No importará si votamos por el “sí” o por el “no”, o si votamos en blanco o si anulamos el voto. Para determinar si el resultado del referéndum convierte o no el TLC en ley, se requiere una asistencia a las urnas del 40% del padrón, no importa cómo emitan su voto. Esto significa que también contará el voto de aquellos que no están convencidos de votar “sí” o “no” y que, por lo tanto, anularían su voto o votarían en blanco. Todo voto cuenta. Las reglas del referéndum, a diferencia de las de la elecciones regulares, valoran el voto en blanco o el nulo . Esta vez nadie tiene excusa de no votar. Si votamos más de 1.060.000 costarricenses, el resultado será vinculante y el futuro del TLC se definirá. De lo contrario, volveremos al marasmo legislativo en que nos hallamos. Este marasmo legislativo nos está costando caro. Nuestros vecinos avanzan mientras aquí, por inutilidad legislativa, permanecemos estancados. No tenemos más que mirar hacia el sur, a Panamá, para darnos cuenta de cuán rápido nos alcanzan. La incapacidad de nuestros legisladores, el anacrónico reglamento que los regula y del que se aprovechan los extremistas de uno y otro bando, nos tiene inmovilizados. El 7 de octubre, aunque el referéndum represente “la sin remedio” y constituya un fracaso de la democracia representativa, los costarricenses responsables tenemos que afrontar la realidad y decidir hacia dónde queremos llevar el país. Respondamos al irresponsable fracaso legislativo. Reprobemos la inutilidad de los legisladores. El 7 de octubre salgamos a votar como queramos: por el “sí”, por el “no”, en nulo o en blanco (o por la Sele) , pero votemos. Lograr una votación de más de un millón sesenta mil en un lluvioso domingo de octubre en Costa Rica será difícil e inusitado, pero no imposible.n
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