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Comentario del evangelio: Amar con un amor eficaz A punto de celebrar la fiesta de la Virgen del Monte Carmelo y en el centro de grandes acontecimientos para la Iglesia de América Latina, como lo son la XXXI Asamblea Ordinaria del Celam en La Habana y la publicación del documento conclusivo de Aparecida, vivimos este día del Señor que nos pone, nada más y nada menos, que ante uno de los textos más conocidos, exigentes y menos vividos: la parábola del buen samaritano. “La liturgia latina de la Iglesia, nos recuerda el Papa en Summorum Pontificum , en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad”. En el texto de Lucas que comentamos, un legista pregunta acerca de la vía para llegar a la salvación. En esta versión, dirigida a pagano-cristianos, la cuestión que se plantea es en torno a la vida eterna. La respuesta del letrado parte de una combinación de Dt 6,4 y Lv 19, 18 y Jesús agrega un breve comentario laudatorio. Sin embargo, aquel legista desea ir más allá. Desea saber con más detalle quién es el prójimo. Jesús no se detiene en rodeos al responder y hace ver a aquel sabio judío cómo el mandato del amor no conoce límites. La parábola pone a un hombre en manos de unos “ lestes ” o bandidos, como se denomina a Barrabás o a los crucificados junto al Señor en el Calvario. Un representante de la dirigencia religiosa y un asistente del Templo temen afectar su pureza ritual y evitan la solidaridad. Pasan de largo sin más. En cambio, un extranjero mal visto por los judíos, en cuenta el mismo letrado, se detiene y “le dio lástima” (v.33c) aquella cruel escena. El amor de aquel samaritano es espontáneo. Ni le preocupa la Ley. Es una solidaridad absolutamente desinteresada, tierna, personal y eficaz. De esta manera llega el mismo letrado a darse una satisfactoria respuesta de frente a la pregunta inicial: “¿quién es mi prójimo?” Y él mismo responde: “el que practicó la misericordia” (v.37a). ¡Cuántas consecuencias prácticas tiene el texto que hoy miramos y comentamos! “Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor de Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: ‘en nuestra obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor’” (documento de Aparecida 386). Mauricio Víquez Lizano, pbro.
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