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Opinión Gustavo Jiménez gujimenez@nacion.com Periodista Uno de los argumentos favoritos para explicar el fracaso de algún equipo de futbol es que “solo nos faltó el gol”. ¡Como si fuera una pequeñez! ¿De qué sirve aplicarse en defensa y generar bellezas en la media cancha, si en la línea de metralla los delanteros llegan sin pólvora? Imagínense tal explicación en otros deportes. En beisbol: “Jugamos muy bien, pero no logramos hacer ni una carrera”. En boliche: “Lo hice todo de maravilla, pero no pude derribar los pines”. Decir que “solo faltó el gol” es uno de esos lugares comunes que todos repiten en automático, probablemente sin reparar siquiera en lo que están diciendo. Utilizar tal explicación equivale a reconocer: “Fallamos en el objetivo más básico de este deporte, en lo elemental, en lo único que realmente podía permitirnos terminar el juego con una victoria”. Debería tomarse como una declaración suprema de incompetencia, como una confesión de que el equipo es deficitario en el aspecto más vital. Pero no. La frase está diseñada para obtener una inmediata disculpa pública. Facilismo. La excusa, además, resulta bastante cómoda de aplicar. Es normal que un equipo, por más disparejo que sea el partido, logre llegar al marco de su rival al menos en un par de ocasiones. Sin importar que el contrincante haya manejado el balón el 70 por ciento del tiempo, siempre se podrá decir que “solo faltó el gol”, y automáticamente quedará la impresión de un duelo muy reñido. Los entrenadores son reservados a la hora de enumerar las carencias. Quizás así deba ser: una palabra de más puede alertar a los oponentes sobre un punto débil que se pueda explotar. Las entrevistas después de un partido son incómodos ejercicios de rendición de cuentas, porque a veces el ánimo está en el suelo y los jugadores quedaron derrumbados en el camerino. Ahí es cuando aparece el manual. Ya saben: “Al menos el equipo se entregó”, “Hay que seguir trabajando” y, por supuesto “Lo único que faltó fue el gol”. Probablemente uno tampoco espera explicaciones como: “Perdimos porque nuestros delanteros no meten un gol ni en un partido de Play Station”. No se trata de pedir una franqueza así de brutal, que destroce a quien tuvo un mal día. Pero el discurso tiene que ser sólido y sincero. Más cuando el defecto es reiterado y hay que salir todos los domingos con el mismo cuentito. Decir que solo faltó el gol, y salir satisfecho con ello, es conformarse con muy poco.
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