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Adiós, don Óscar El gran legado de don Óscar es su ejemplo de honestidadJoaquín A. Granados Rossi Contador público Tuve el honor y el privilegio de trabajar como asistente de gerencia de don Óscar C. Rohrmoser Volio por casi 15 años, en la Urbanizadora Rohrmoser, S.A., empresa de las familias Rohrmoser y Montealegre Rohrmoser cuando se desarrolló el oeste de San José. Graduado con honores en Ingeniería Civil en la Universidad de Cornell, Nueva York, EE. UU., fue miembro del Colegio del ramo. Después de desempeñarse en su profesión en la Junta de Protección Social, que administraba el Hospital San Juan de Dios, y en la Concretera Nacional, S.A., entre otras funciones, emprendió el enorme proyecto de convertir las fincas cafetaleras de la familia en urbaniza- ciones, de 1960 a 1980, junto con la junta directiva, integrada por destacados profesionales en varias disciplinas. Plan maestro. Pero aquello no se hizo de cualquier manera, ya que desde el principio se siguió un plan maestro diseñado por él junto a los ingenieros Jenkins Dobles y construido en parte por el ingeniero Francisco Castegnaro Cañas. Don Óscar y sus antepasados quisieron que esa nueva parte de San José reuniera las mejores condiciones –parques, bulevares, calles anchas, escuelas, iglesias, zonas comerciales, zona industrial, etc.– en materia de urbanismo moderno, que hoy disfruta la población y que se destaca en Centroamérica. Constancia de esto está en los libros contables y documentos depositados por ellos en Archivos Nacionales, como parte de la historia patria y de la ciudad capital. Por el país. Como miembro de la junta directiva del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), tuvo una valiosa participación para echar las bases del progreso del país. Gran aficionado a la filatelia y a la historia patria, colaboró en la edición de interesantes libros especializados. También promovió empresas agrícolas, comerciales y de exportación. Pero el gran legado de don Óscar también y especialmente se refiere al ejemplo que dio de honestidad con que llevó a cabo todas sus actuaciones. Él siguió el camino trazado por sus progenitores, de quienes escribiera Rubén Darío durante su estancia en Costa Rica, a finales del siglo XIX, el artículo llamado “Los diamantes de la ética”, en el que bellamente va describiendo a un hombre sencillo, trabajador, caritativo y lleno de valores humanos, ejemplo para sus familiares y amigos, como este servidor y quienes lo conocieron. Gracias, don Óscar.
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