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14 de julio: Día de Francia Costa Rica y Francia ponen al ser humano en el centro de sus políticas económicas y socialesJean-Paul Monchau Embajador de Francia En la vida de los pueblos, hay años importantes. Si en 1789, la Revolución Francesa fue un momento clave de nuestra historia, 2007 podría ser en Francia el año de un profundo cambio de un viejo país que ha atravesado tantas pruebas, pero que cada vez se ha vuelto a levantar. Las elecciones presidenciales y legislativas, entre abril y junio, marcaron una renovación democrática, con una muy importante participación de los electores en estos escrutinios, luego de una intensa campaña. Al final la decisión fue contundente: durante los próximos cinco años, el señor Nicolas Sarkozy será el presidente de todos los franceses. Con este nuevo presidente, electo por una mayoría clara y neta, los franceses escogieron, sin ambigüedad, la rehabilitación del trabajo, el mérito, la moral, la identidad nacional, la responsabilidad. Expresaron una fuerte esperanza en una política de ruptura, más audaz, dentro de un mundo que se transforma y donde la innovación y la invención están en todas partes. En un mundo que entraña tantas oportunidades como amenazas, nada sería más arriesgado que permanecer inmóvil, nada sería más peligroso que contemplar los cambios sin cambiar nosotros mismos. Sin duda, en el transcurso de los últimos años, Francia había dado la impresión de permanecer demasiado vacilante y no saber adaptarse. Si el Presidente escogió la “ruptura” y la reforma, también escogió al mismo tiempo la “apertura” y su Gobierno incluye algunas personalidades venidas de otros horizontes políticos. Los periodistas se acostumbraron a clasificar al nuevo presidente francés en la categoría de los “conservadores”. Es todo lo contrario. Nicolas Sarkozy es un hombre de cambio, un hombre de progreso. Tomaré solamente un ejemplo. En este nuevo Gobierno, el ministro del Medio Ambiente, el señor Jean-Louis Borloo, se sitúa inmediatamente después del Primer Ministro en el orden protocolario. Esto obedece a que los asuntos medioambientales son vitales para la humanidad y estos temas, en Francia, son tratados ahora como una prioridad absoluta. Ya durante la reciente cumbre del G8, en Alemania, pudimos avanzar en estos temas, particularmente con Estados Unidos. Política exterior. El movimiento, el señor Sarkozy también lo desea en política exterior. Dado que el futuro de Francia se encuentra, evidentemente, en la Unión Europea, el presidente francés abogó por una nueva etapa bajo la forma de un “Tratado simplificado”, idea que fue magníficamente presentada por la presidencia alemana de la canciller Merkel, con el apoyo venido de varios países y, en particular, de los señores Rodríguez Zapatero y Tony Blair. Al final, 27 países que forman la Unión Europea adoptaron, el 23 de junio en Bruselas, el mandato para la redacción de un “Tratado simplificado” que va a hacer progresar las instituciones europeas. Por ejemplo, tendremos un Alto Representante de la Unión para la política exterior, con lo que la toma de decisiones en Bruselas se facilitará. Esto nos permitirá poner en práctica nuevas políticas europeas, entre otras, en los campos de la energía, de la migración o de la cooperación judicial. Por lo tanto, es una buena noticia doble: Europa está de regreso y Francia está de regreso en Europa. Hemos salido del bloqueo creado por los referendos de 2005 en los Países Bajos y en Francia. Es la renovación de una voluntad común por encima de los egoísmos nacionales. Hicimos una síntesis del “sí” y del “no”, en el respeto de los pueblos. Por ejemplo, se reconoció el lugar de los servicios públicos en Europa. Es un inmenso esfuerzo de comprensión mutua entre 27 países que desean la paz y el desarrollo económico y social. De manera simbólica, representantes de las Armadas de 27 países desfilaron hoy en los Campos Elíseos, en París. Costa Rica y Centroamérica. Una Francia y una Unión Europea más fuertes es también una buena noticia para Costa Rica, ahora que se inicia la negociación del Acuerdo de Asociación entre América Central y la Unión Europea. Sabemos que este proyecto tomará un poco de tiempo, no solamente a causa del referendo en octubre, pero también porque es un proyecto amplio que incluye al lado del comercio, la cooperación y el diálogo político. En todo caso, nada se debe hacer en América Central sin Costa Rica. Este país no se limita a ser el primer socio comercial de la región, es también un país-referencia en materia de libertad y de derechos humanos, de democracia, de cohesión social y de paz. Estas orientaciones que históricamente han sido la fuerza y la singularidad del país, toman un significado particular en momentos en que América Latina se mueve y evoluciona. En otro orden de cosas, el papel pionero de Costa Rica en materia de protección del medio ambiente y de la biodiversidad se revela precursor cuando el planeta descubre una “verdad incómoda”, según palabras del señor Al Gore. Las decisiones tomadas por Costa Rica para “enriquecer el multilateralismo” y las iniciativas “Consenso de Costa Rica” y “Paz con la naturaleza” del presidente Óscar Arias, son portadoras de ideas innovadoras y constructivas para la gobernanza mundial del desarrollo, por una parte, y la gobernanza del medio ambiente, por otra. Más allá de la lengua, la cultura, la historia y la geografía, Costa Rica y Francia tienen un punto en común: ponen al ser humano en el centro de sus políticas de desarrollo económico y social. En los foros internacionales, comparten muchas opiniones y posiciones que tienen en común. Ambos países, con América Central y la Unión Europea como vasto horizonte, tienen, sin duda, que desempeñar juntas un rol en numerosos campos para el porvenir de las relaciones entre los pueblos de los dos continentes. Es motivo de regocijo que, de forma creciente, más franceses visiten Costa Rica y que muchos ticos y ticas residan en el hexágono, pues ahora, más que nunca, las ‘‘relaciones internacio- nales’’ son ante todo un asunto de seres humanos que se encuentran y aprenden a conocerse.
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