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Dignos de imitar Podemos hacer mucho desde los hogares, con nuestros propios hijosSilvia Coto Solera scotosolera@hotmail.com Madre de familia Todos hemos pasado por la niñez y la adolescencia, y sabemos la importancia que tienen los modelos que la sociedad nos ofrece para imitar pues, en la búsqueda de la felicidad, vislumbramos imágenes de artistas y estrellas que, a nuestro juicio, ¡tienen todo para ser felices! Por eso, hace poco, me preguntaba qué modelos de vida les tocará ver a mis hijos, porque –aunque en el hogar nos preocupemos por dar buen ejemplo y criterios claros del bien y del mal– es tan fuerte la influencia de los medios de comunicación en un mundo globalizado, donde imágenes, sonidos y hasta olores entran por todas las ventanas de nuestras casas, que se hace necesario, casi indispensable, destacar lo que contrarreste esta avalancha, cuando es nociva. Modelos. Por otra parte, está comprobado que no funciona mantener a nuestros hijos como en una burbuja de cristal, separados de estas realidades, pues el día que no estemos, la burbuja protectora desaparece y ¿cómo van a subsistir y, más, a ser felices en el camino? De forma que es de suma importancia que tanto la familia como quienes tienen responsabilidad social –es decir, todos– nos ocupemos de dar a los niños y jóvenes modelos dignos de imitar. ¿Qué se puede hacer para que nuestros hijos tengan ideales más altos que los de ser un rey o reinapop que pasa de la fama a las drogas, a otros vicios y termina con intentos de suicidio? Para los padres de familia costarricenses resulta muy sencillo adoptar una actitud superficial, contentarnos con decir: ¡Qué barbaridad! Y pensar que no nos incumbe pues estamos muy lejos de que eso nos suceda. Pero no, estos falsos ejemplos de vida son absorbidos por niños y adolescentes del país. ¡Que responsabilidad más grande! Ciertamente podemos hacer mucho desde nuestros hogares, con nuestros propios hijos. Formándoles bien, de modo que se conviertan en ejemplos para sus amigos, haciendo un efecto dominó de mejora continua. ¿Y cómo los formamos bien? Viviendo nosotros las virtudes humanas y enseñándolas a ellos: ¡Esto sí que es herencia, legado, dejar huella en sus vidas! Virtudes. Es decir, una persona que ha aprendido a ser honrada desde su hogar, difícilmente se dejará sobornar. Un profesional al que desde niño se enseñó lo importante de hacer bien su tarea, de principio a fin, será exitoso en su trabajo. Una persona que ha sido recia y fuerte desde pequeña, no se dejará amedrentar por los que venden la idea de que lo mejor es lo fácil. Una persona generosa desde sus primeros pasos, logrará encontrar felicidad en dar y no solo en recibir. Una persona leal desde la infancia, logrará ser fiel a sus principios, a su familia y a su empresa. Una persona prudente y modesta por lo que ha visto en su hogar, sabe lo que vale su cuerpo y no lo regalaría por cualquier baratija. Y así podríamos seguir enumerando valores que, hechos propios, serían ya virtudes y resolverían muchas de las angustias y carencias de nuestro querido país. Vamos, padres y madres de familia, hagamos la diferencia, marquemos el paso, apoyemos a la familia, tan atacada últimamente poniendo a su alcance, modelos dignos de imitar; de tal forma que, dentro de unos años, podamos morir orgullosos de haber entregado nuestro granito de arena en beneficio de la sociedad costarricense, ¡formada por nuestros hijos y nietos!
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