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Opinión José Luis Rodríguez jorodriguez@nacion.com Periodista Luego de ver una y otra vez la joya de anotación que le marcó el argentino Lionel Messi a México en las semifinales de la Copa América, quiero destacar un detalle que me llamó poderosamente la atención. Siendo una figura mundial, un futbolista que juega en uno de los mejores clubes del mundo, y, mejor aún, un veinteañero con toda la vida por delante, Messi destelló tras ese tanto la alegría de un pibe –como dirían sus compatriotas– que apenas hace sus primeras armas en las canchas de futbol. Con esa cara de niño que aún le acompaña, Messi marcó el gol y volvió la mirada a sus compañeros, quienes trataban de alcanzarlo para unirse al festejo. Es ahí donde quiero pongo pausa, pues la pasión argentina, exhibida por Messi y todos sus compañeros, me puso a meditar y por un momento me hizo recordar a nuestra Selección Nacional. Pero no es por el estilo de juego que los comparo, sino porque en nuestro equipo patrio, donde sobran los que se creen estrellas, cuesta observar la ‘sangre’ que derrochan los Messi, Riquelme, Tevez, Verón, Milito y demás argentinos cuando juegan para su país. Ellos, con un bagaje futbolístico que les ubica entre los mejores, juegan con amor por la camiseta, y cuando marcan un gol, sea la joyita de Messi o el penal que ese mismo día hizo Riquelme, se notan disfrutando y dando lo mejor que tienen por su selección. Uno, que vive entre noticias, nunca escucha que los argentinos se quejen porque no hay premios antes o después de los partidos. Es cierto que un tico no gana lo que mismo que una luminaria de estas, pero también es cierto que los seleccionados son tratados como reyes, y que la mayoría de estos se encuentran en equipos donde no hay ni que ir a juntar las pelotas “porque para eso está el utilero”. Mi punto es sencillo, luego del tanto de Messi observé la alegría con la que los argentinos viven el futbol, y la entrega que ellos, futbolistas consagrados, le dan al equipo mayor aunque lo hayan integrado una o mil veces. Turrialbeño de nacimiento y costarricense por todos lados, espero ver en nuestra Tricolor esa pasión que destilan los argentinos, y dejar de escuchar los “peros” o “es que” con que se trata de maquillar cada fracaso. No pido que seamos campeones de la Copa América, o que juguemos como los argentinos, sino que por lo menos la Sele muestre en la cancha el “Pura Vida” que los ticos llevamos a todos lados, y el coraje que, estoy seguro, también poseen nuestros jugadores.
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