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Enfoque Jorge Vargas Cullel Sin apenas darnos cuenta, se fue la primera mitad del año. Atrás quedaron los buenos propósitos de Año Nuevo (ni recuerdo cuáles fueron los míos). El 2007 está en plena madurez y se enfila hacia su conclusión. Pronto comeremos tamales. Como el boxeador al que le han dado una paliza, me pregunto: ¿qué pasó? Algunas cosas eran más previsibles que una lluvia en octubre. No se necesitaban los poderes psíquicos deMadame Gandhara o los de Walter Mercado para saber que estaríamos pegados con lo del TLC; que la quebradiza coalición parlamentaria de los 38 votos mostraría grietas cada vez mayores; que no habría reformas institucionales; que la carretera a Caldera no empezaría y que el lío del aeropuerto nos seguiría sonrojando. En resumen, que el 2007 sería la continuación de la agenda inconclusa del Gobierno anterior y, en este sentido, un año del siglo XX. Pero mentiría si dijera que este 2007 ya estaba escrito. ¿Quién habría apostado a que estaríamos decidiendo lo del TLC por medio de un referéndum? Ciertamente, el Gobierno no. ¿Que habríamos roto con Taiwán y establecido relaciones con China Popular, una acción estratégica en nuestras relaciones internacionales? Ciertamente, el Gobierno sí, pero el resto no. ¿Que la Municipalidad de San José taparía el hoyo de 30 metros en barrio Dent, por San Pedro? Al promediar julio, ¿dónde estamos? Contesto: asistimos al verdadero nacimiento del siglo XXI –y no lo digo por el hoyo que tapó la muni, aunque pudiera ser un augurio–. Es un alumbramiento medio caótico, sin grandes actos fundacionales y que nos llega con retraso. Las fechas ciertas del TLC (octubre) y su agenda de implementación (marzo 2008) son una vuelta de tuerca a una situación estancada desde hace años. En la actual confrontación se están horneando nuevas identidades y alineamientos políticos, con poco espacio para la vieja política: son otras gentes y otros temas. El reforzamiento del sector exportador y la inversión externa no solo impulsan un alto crecimiento económico, transforman paisajes regionales enteros. China abre una nueva frontera. No veo una vuelta atrás. Me hubiese gustado otro parto para esta centuria, con menos incertidumbres y rumbos más definidos, como me encantaría haber cumplido los buenos propósitos de Año Nuevo. Sin embargo, esto es lo que hay. Entraremos al nuevo siglo sin saber para dónde vamos, porque el nuevo sistema político no se perfilará sino hasta el 2010, lo mismo que el vector dominante de la política. Las decisiones de fondo sobre el Estado y sus políticas públicas las estaremos tomando en el próximo Gobierno.
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