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El trabajo y los menores

Quienes crecen pobres y nunca tienen empleo regular tienden a no aspirar a mucho

Jaime Gutiérrez Góngora
Médico

Con la excepción de que se dediquen a la guerra o a la prostitución, estoy en contra de los burócratas de las Naciones Unidas responsables de laConvención sobre los Derechos del Menor .

Este primer instrumento internacional jurídicamente vinculante dice en el artículo 32: “... los Estados reconocen el derecho de los menores de ser protegidos de la explotación económica y de trabajos que pueden ser peligrosos o que interfieran con la educación del menor, o que sean dañinos para la salud física, mental, espiritual, moral, o para su desarrollo social”.

En la práctica, no hay empleo de menores que no viole sus derechos. Por cierto, en la Biblia casi no hay derechos, pero sí muchos deberes.

Daño a la humanidad. El mundo todavía no ha logrado descubrir el daño que le ha hecho a la humanidad el ejército de burócratas internacionales a través de las décadas. En los primeros años de la década de los 30, los burócratas de la Liga de las Naciones terminaron con la paz y fueron los principales responsables de los 55 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial. La nueva generación ya está causando estragos llenando el mundo de mentiras: que la violencia se puede terminar, que la paz perdurable existe, que la defensa es un derecho y no un deber, y que la fuerza es guerra.

Ahora les hacen este terrible daño a los menores. Lo más indignante es que ellos conocen la verdad.

Un estudio de Unicef demostró que entre 5.000 y 7.000 menores de Nepal se vieron forzados a dedicarse a la prostitución después de que se prohibió la exportación de alfombras de ese país a EE. UU. en la década de 1990.

En Bangladesh sucedió algo parecido. En 1993, los medios denunciaron que menores producían ropa para Wal-Mart. El senador Tom Harbin impulsó , y el Congreso aprobó, laLey para disuadir el trabajo de menores . La consecuencia fue que 50.000 menores fueron despedidos de su trabajo. ¿Fueron entonces a la escuela? No. Según un estudio de la misma ONU, estos menores terminaron en las calles y en la prostitución, en empleos más peligrosos y explotadores que la producción de ropa.

Visión superflua. Quienes ven con superficialidad el trabajo de menores citan como explotación el trabajo de estos en Gran Bretaña durante la Revolución Industrial. Y, sin embargo, el trabajo de menores mejoró el ingreso de las familias, la mortalidad infantil disminuyó en un 32% y el historiador William Anderson concluye que el capitalismo y la Revolución Industrial les dio a los jóvenes una oportunidad de sobrevivir.

Los burócratas de Naciones Unidas no han descubierto los beneficios espirituales y materiales del trabajo en menores y mienten cuando dicen que, si trabajan, no estudian. Ignoran que menores que crecen pobres y nunca tienen un trabajo regular tienden a no pensar en términos de diplomas, de matrimonio, de criar una familia, de tener una profesión. Un trabajo estable cambia esa actitud. Con el pago surge una sensación de posibilidades. Desarrollan una clara idea del valor de la educación, de lo que se están perdiendo. Una idea de que, al no educarse, pierden más posibilidades de progreso y bienestar y, por lo tanto, son menos propensos a salirse de la escuela. Se fomenta la autoestima, y se establecen sanos contactos y una cultura de trabajo.

La realidad. Los derechos de los menores no deben ser protegidos por los burócratas en Nueva York. Deben ser preservados solamente por las sociedades en que ellos viven y por sus padres. Friedman opinó que la prohibición del trabajo de menores es un lujo que los Estados pobres no se pueden dar: prohibirlo es evitar el crecimiento económico necesario que eventualmente hace que los menores no tengan que trabajar.

Un joven de 13 años, de Alajuelita, me dijo hace unos meses: “No hay trabajo donde vivo. Si uno no consigue brete, debe ver cómo se la juega vendiendo monte, peluqueando o alzando y llevando cosas. Las chavalas se dedican a lo suyo. No es jugando la cosa”.

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