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EDITORIAL

Las bondades del crecimiento

Los buenos resultados económicos se sienten en mejores salarios
Mientras más vendamos al mundo, más aumentará el bienestar de todos


Podemos y debemos discutir, ojalá con solidez y realismo, sobre las imperfecciones (y hasta límites) del mercado como instrumento para promover el bienestar. En función de la experiencia, el conocimiento y nuestros objetivos como sociedad, a menudo deberemos desarrollar mecanismos que permitan llenar los vacíos que el mercado deja, corregir sus posibles distorsiones y distribuir mejor la riqueza que genera. Esto es parte de las políticas públicas de cualquier país, y en el nuestro, aunque con problemas, hemos sabido diseñarlas y aplicarlas mejor que la mayoría del hemisferio.

Sin embargo, hay ciertos principios esenciales de la economía y el mercado que están más allá del debate, porque siguen un patrón tan reiterado y demostrable mediante la experiencia, que los ubica en el terreno científico de la disciplina. De estos principios forman parte las relaciones entre el crecimiento de la producción y la generación de empleos, y entre el aumento en la demanda de mano de obra y la mejora en los salarios; también, entre ambos factores y una probable disminución de la pobreza, mediante el aumento en los ingresos personales.

Recientes datos, que publicamos en nuestra edición del sábado, confirman esas relaciones de forma muy favorable para el país. Porque revelan que el aumento en la inversión extranjera y en el ritmo de nuestra economía han generado mayor demanda de empleo y, por ende, un aumento en el nivel de los salarios, especialmente en dos sectores muy dinámicos de nuestra economía: la construcción y los servicios. Y como el crecimiento se ha dado con menor inflación, el incremento salarial no solo es nominal, sino real; es decir, la capacidad adquisitiva de la población ha mejorado. Junto a esto, además, se ha producido otro efecto muy positivo, al que nos referimos en un editorial anterior: el aumento en los afiliados a los regímenes de salud y pensiones de la Caja Costarricense de Seguro Social. Se trata, en última instancia, de una positiva dimensión de la dinámica del mercado, según la cual un aumento en la demanda (en este caso de personal) incrementa los precios del servicio que prestan.

Si nuestra economía está creciendo, y si esto impacta en mejores condiciones de vida, no es por casualidad. Crecemos porque el país tiene ventajas comparativas muy importantes, porque la calidad de nuestros recursos humanos, nuestros índices de educación y salud, nuestro estado de Derecho, nuestra inserción en la economía internacional, nuestros crecientes encadenamientos productivos, nuestra cercanía al mercado estadounidense y una política macroeconómica cada vez mejor orientada generan inversiones, producción, servicios y, por ende, más y mejores ingresos. Y una parte de ellos va a los trabajadores, quienes también pueden consumir e invertir más.

Estamos, pues, ante una clara vinculación entre lo económico y lo social, con una ventaja adicional: con mayor riqueza, el Estado está en mejores condiciones para redistribuirla y para desarrollar programas de educación, salud, infraestructura y lucha contra la pobreza, que permitan elevar las condiciones de vida de los que menos tienen.

Moraleja: la base de una buena política social es una buena política económica.

Lo comentado es una razón adicional para estar a favor del comercio internacional y de un instrumento tan importante para dinamizarlo como es el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. Porque, mediante su puesta en marcha, lograremos consolidar y aumentar nuestro acceso a esos mercados, vitales para nuestra producción. Esto, por ende, generará más ventas, más inversión, más y mejores empleos y mayor ingreso para la gente y para el Estado. Es decir, ganancias generalizadas.

Los datos que están a la mano lo demuestran con solidez. Negarlos es un simple ejercicio de ceguera ideológica.

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