 Entierro de Abdul Rashid Ghazi
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WASHINGTON (AFP) -
Los jefes de inteligencia de Estados Unidos llamaron a Pakistán a hacer un más enérgico combate al terrorismo y advirtieron que la región en la frontera con Afganistán se ha convertido en santuario para los extremistas de Al-Qaida y los talibanes.
A pesar de las dudas de su propia comunidad de inteligencia, el gobierno estadounidense de George W. Bush mantiene su respaldo al presidente Pervez Musharraf en momentos en que el gobernante militar de Pakistán enfrenta una de sus más graves crisis.
"Musharraf es un firme aliado en la guerra contra estos extremistas. El me agrada y lo aprecio", dijo Bush el martes luego de que las fuerzas pakistaníes atacaron una mezquita protalibán rescatando a decenas de mujeres y niños.
En una grabación de audio colocada en internet, el segundo jefe de Al-Qaida, Ayman al-Zawahiri, llamó a los pakistaníes a rebelarse contra Musharraf luego del asalto contra la Mezquita Roja en Islamabad, que dejó al menos 82 muertos.
Al comparecer ante el Congreso este miércoles, los jefes de inteligencia estadounidenses manifestaron su preocupación de que una acción más agresiva contra los extremistas que se refugian en el anárquico noroeste de Pakistán pueda provocar un masivo levantamiento anti-Musharraf.
"No es una gran exageración decir que hay cierto riesgo de convertir el problema del noroeste de Pakistán en un problema de todo Pakistán," afirmó el subdirector de inteligencia nacional, Thomas Fingar.
Estados Unidos tiene el temor de socavar a un aliado clave de la "guerra contra el terrorismo" mientras crecen las críticas de que está consiguiendo poco a cambio de las grandes sumas prodigadas al régimen de Musharraf desde los ataques del 11 de setiembre de 2001.
A comienzos de 2005, una operación secreta estadounidense para capturar a jefes de Al-Qaida en áreas tribales de Pakistán fue abortada a último minuto después de que altos funcionarios decidieran que era demasiado riesgosa y podía deteriorar las relaciones con Islamabad, reveló esta semana el New York Times.
Fingar fue consultado con insistencia sobre por qué Osama bin Laden estaba todavía libre y los talibanes de Afganistán estaban resurgiendo pese al financiamiento estimado de 10.000 millones de dólares entregado por Washington para las operaciones antiterroristas pakistaníes.
"La respuesta tiene que ser sí, que la provisión de asistencia debería estar apropiadamente ligada a los resultados esperados", dijo el funcionario en la audiencia sobre amenazas a la seguridad global en la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.
"Y los resultados que la gente ha comprometido, ellos deberían ser responsables", agregó.
El director de inteligencia de la CIA, John Kringen, dijo que los extremistas talibanes y de Al-Qaida parecen "realmente bien instalados en su refugio seguro" del noroeste de Pakistán, beneficiándose de mayor entrenamiento, dinero y comunicaciones.
Kringen expresó su particular decepción por el acuerdo de paz de setiembre pasado de Musharraf con los patriarcas tribales en Waziristán Norte.
La región de Waziristán es un semillero de militantes protalibanes que apoyan la sangrienta insurgencia en Afganistán contra el gobierno del presidente Hamid Karzai, que tiene respaldo de Estados Unidos.
"Concordamos en que el acuerdo de paz en Waziristán no ha sido útil en términos de los esfuerzos antiterroristas", dijo el directivo de la Agencia Central de Inteligencia.
La razón de Musharraf para el controvertido acuerdo de paz fue que detendría los ataques a través de la frontera y conseguiría apoyo tribal para expulsar a los combatientes de Al-Qaida.
"En nuestra evaluación, no hemos visto que los desarrollos vayan en tal dirección, sino realmente en una dirección negativa", dijo Kringen.
Fingar indicó que Musharraf parece debilitado luego de las masivas protestas prodemocráticas que estallaron luego de que destituyó en marzo al jefe de la Corte Suprema.
"Con la oposición tribal a la presencia estadounidense en Afganistán e Irak extendida y las elecciones previstas para fines de este año, la situación se tornará mucho más desafiante para el presidente Musharraf y para Estados Unidos", advirtió.
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