 Ciudadela incaica de Macchu Picchu
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LIMA (AFP) -
La elección de Machu Picchu como una de las nuevas maravillas del mundo puede convertirse en un dolor de cabeza para las autoridades peruanas, ya que la ciudadela inca no está preparada para recibir más turistas, lo que obligaría a limitar el ingreso o aumentar el costo de entrada.
La euforia inicial entre los peruanos dio paso a lo largo de la semana a la mesura e incluso a la inquietud entre las autoridades por el riesgo de que un alza notable de visitantes contribuya al colapso de la joya de la corona del turismo de Perú.
El gobierno peruano, que apoyó la controvertida campaña de la fundación suiza 'New Seven Wonders', consideró que habrá que actuar rápido y poner en marcha un plan ante las perspectivas de que la cifra de visitantes, actualmente en 2.500 diarios, se multiplique por tres.
Sin decirlo públicamente, responsables peruanos reconocen que el concurso no reunía los requisitos científicos y que era más bien un negocio, como sostuvo la UNESCO.
"Machu Picchu no va a colapsar", dijo categórica Cecilia Bákula, directora del Instituto Nacional de Cultura, la máxima instancia del Estado encargada de preservar el patrimonio arqueológico peruano, quien sin embargo mostró preocupación por el manejo de los recursos en el lugar.
La funcionaria descartó -durante una reunión con corresponsales extranjeros- las alertas de geólogos sobre un eventual hundimiento de las milenarias ruinas, que datan del siglo XV, por problemas de agua y humedad en zonas críticas.
"Machu Picchu sufre de un proceso gradual de asentamiento, (lo que provoca desplazamientos de las piedras con las que está construida) pero no supone un riesgo para su estructura" indicó Bákula.
"El problema de Machu Picchu no es la ciudadela inca sino el caótico crecimiento urbano que existe a su alrededor" en las poblaciones aledañas que viven del turismo, advirtió Bákula.
Ese crecimiento ya es una pesadilla para las autoridades peruanas, que no han podido frenar la explosión demográfica en el poblado de Aguas Calientes, vecino a las ruinas y al pie de la montaña sobre la que se levanta Machu Picchu, en medio de una espesa vegetación a más de 2.400 metros de altura.
La construcción de un puente cerca de Machu Picchu -impulsado por un alcalde local- se ha convertido en una piedra en el zapato del gobierno, que exige su destrucción mientras la población reclama su derecho a obtener mayores recursos de los turistas.
Bákula estimó que una de las opciones para organizar mejor las visitas es fijar turnos y limitar las horas de visita. Las autoridades peruanas estiman que incluso se podría organizar visitas hasta de madrugada.
Las advertencias sobre el futuro de Machu Picchu y las amenazas a su estado de conservación abundaron desde el lunes, un día después de la elección de las siete maravillas.
La voz de alerta la lanzó el arqueólogo Luis Lumbreras, ex responsable del estatal Instituto Nacional de Cultura, quien advirtió de un riesgo de destrucción de Machu Picchu incentivado por el apetito mercantilista de las industrias envueltas en la elección de las nuevas maravillas.
La UNESCO eligió a Machu Picchu como patrimonio cultural de la Humanidad hace más de dos décadas, y hasta el año pasado estuvo en riesgo de pasar a una lista de bienes en peligro por problemas de conservación.
En marzo pasado el Instituto Geológico de Perú sugirió reducir a 5 días semanales las visitas de turistas para disminuir los riesgos de un deslizamiento.
En tanto, el presidente Alan García promulgó una norma que declara el 7 de julio como el "Día del Santuario Histórico de Machu Picchu - Nueva Maravilla del Mundo".
Machu Picchu fue construida en el siglo XV bajo el emperador inca Pachacutec. Está ubicada al noreste de Cusco, antigua capital del imperio inca.
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