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Noticias Sucesos:

Se ríen, conversan todo el día y se quejan de alimentación


Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

A la 1 p. m. de ayer, 72 chinos detenidos en el Centro de Aseguramiento para Indocumentados en Tránsito --en Hatillo, San José-- comían arroz y fideos sin dejar de hablar, algunos con la boca llena, y reír a carcajadas.

A primera vista, parecen felices, a gusto en el sitio que semeja una prisión, pero no es cierto.

Muchos tienen cuatro y hasta siete meses detenidos y dicen estar cansados de “la misma comida” y desean ser enviados a su país de origen lo más pronto posible.

Otros, aunque saben que es muy difícil lograrlo, aseguran “estar felices en Costa Rica” y no desean volver a China porque “allá no hay trabajo y me moriría de hambre”.

“Yo estoy casado con una tica desde hace más de un año, pero como no tengo papeles no me han dejado ir. Esto es triste, yo quiero quedarme, encontrar trabajo”, expresó Chaogian Wang.

No habla buen español y refuerza sus ideas con ademanes de manos, sin dejar de mirar a sus coterráneos que no paraban de reír y hablar, por momentos a gritos.

“Mi familia es pobre y necesita el dinero que les pueda mandar”, insistió Chaogiang, de 24 años.

Los otros chinos solo hablan cantonés o mandarín y, según las autoridades migratorias, aceptaron de buena gana ser repatriados próximamente con ayuda del Gobierno de Pekín. Pero no todos están de acuerdo, entre ellos Luo Biao, quien llegó al país en un barco pesquero hace siete meses. “Nos hacían trabajar más de 18 horas y pagaban muy mal. Yo bajé a tierra en busca de un mejor trabajo y me detuvieron. Mis padres dependen de mí, no puedo volver a China, jamás”,declaró.

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