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Referendo y libertad de expresión Luis Diego Lobo Protti Politólogo Costa Rica está en una de las coyunturas de mayor trascendencia en su historia: no solo se está dando la oportunidad –por primera vez– de utilizar el referendo como una de las herramientas más importantes de la democracia directa, sino que el ciudadano está en un debate de ideas como pocas veces se había visto. Las exposiciones en las diferentes comunidades, sumadas a la participación de figuras políticas y otros actores importantes que expresan sus ideas y pensamientos, han provocado que el TLC se discuta a diario. Esta dinámica nos convierte en una democracia más fuerte y estable; consolida nuestras instituciones y provee de legitimidad al proceso en sí. Mayor libertad. Pero este escenario ha comenzado a desnudar heridas que estaban cerradas hace mucho tiempo. Con la caída del régimen comunista soviético y, con ello, el final de la bipolaridad Este-Oeste, parecía que los temores hacia los que pensaban diferente se acababan. Comienza una etapa de mayor libertad de expresión y debate crítico de ideas, disminuyendo así el miedo hacia la “otredad”. Pero en Costa Rica, ante el TLC, el lenguaje que comienza a utilizarse nos lleva a un escenario similar al de la Guerra Fría, con preocupantes tendencias macartistas, donde se descalifica una opinión solo por estar en un lugar diferente del prisma ideológico, acercándonos de nuevo a una simplista clasificación izquierda o derecha. La irracionalidad de volver a este lenguaje dicotómico, de blanco y negro, solo trae de nuevo los problemas que se formaron en décadas pasadas, que llevaron a la humanidad a una de sus épocas más opresivas contra la libertad de expresión y el debate de argumentos. Dudas y miedos. No importa el pensamiento que tengamos sobre este tratado, tenemos que ser respetuosos con las personas que piensen diferente. Las dudas y miedos que se forman de los individuos que luchan o defienden este acuerdo solo alejan a la opinión pública de la discusión de las verdaderas repercusiones del tratado, sean positivas o negativas. Los estereotipos y miedos infundados nos privan de las oportunidades de formarnos opinión fundamentada, si queremos que este instrumento nos lleve a ser una población más consciente y a disminuir la polarización que se presenta en el país; no podemos eliminar un punto de vista simplemente por tener una tendencia de pensamiento que no es la nuestra. Si comenzamos con la cacería de brujas y a inculparnos por los libros de nuestra biblioteca ideológica, estaríamos perdiendo una de las mejores oportunidades que hemos tenido para una discusión real en el país, y volveríamos a cometer errores que como comunidad ya habíamos superado.
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