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Sí de los socialcristianos al TLC Rodolfo Méndez Mata orquisa@amnet.co.cr Ingeniero Un porcentaje mayoritario de quienes hemos profesado el pensamiento socialcristiano estamos impulsando la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, porque es apoyar lo que hemos creído, propuesto y logrado. Es reafirmar la visión socialcristiana de crear oportunidades para promover el crecimiento de la producción, la generación de empleo con mejores salarios, así como aumentar los recursos estatales para realizar la asistencia social y procurar una mejor calidad de vida a los costarricenses. Congruencia con proyecto. Es una actitud congruente con el proyecto político que se plasmó en el programa de gobierno planteado para las elecciones presidenciales de 1982, aun antes de la creación del Partido Unidad Social Cristiana. Desde entonces se propuso la modernización del Estado, la apertura de la economía y las exportaciones como el eje de acción para superar la crisis monetaria que nos afectó en aquel momento y que había causado el empobrecimiento generalizado de la población. Después, desde la oposición en el Congreso, durante el gobierno de don Luis Alberto Monge, se impulsó la aprobación de leyes que permitieron crear ese nuevo modelo de desarrollo. El primer tratado de libre comercio, con México, se suscribió durante la administración de don Rafael Ángel Calderón Fournier. Otros similares con Canadá, Chile, República Dominicana y el Caricom, lo mismo que el TLC, fueron negociados y suscritos en administraciones socialcristianas. Aprobar el TLC es, entonces, ser congruentes con nuestro pensamiento. Es un modelo exitoso. El crecimiento de nuestra economía ha ido de la mano con el de nuestras exportaciones. Costa Rica se ha convertido en el sexto país con más exportaciones por habitante en el mundo, con la ventaja de haber diversificado los productos que exporta, al punto que el 77% del total corresponden a pequeños y medianos productores y la mayoría son agricultores. Es innegable el aporte del sector exportador en la generación de más y mejores trabajos, pues ha sido capaz de absorber un crecimiento anual de 30.000 nuevos empleos directos y otro tanto de indirectos. Aprobar el TLC es asegurar nuestro futuro, es transcurrir por el camino conocido. Se trata de atraer nuevas y mayores inversiones para crear con ello mejores oportunidades para todos los costarricenses. No ofrecen alternativa. Lo contrario es lo incierto, lo desconocido, lo riesgoso. Quienes se oponen a la aprobación del TLC no ofrecen una alternativa de desarrollo y crecimiento, no proponen cómo asegurar el bienestar para aquellos que han alcanzado una mejoría y mucho menos para quienes todavía viven en la pobreza. Y es más preocupante aún concluir que, como se infiere de sus manifestaciones públicas, lo que desean algunos es destruir nuestra institucionalidad democrática. Por eso muchas compañeras y compañeros nos estamos organizando para participar activamente en el referendo del 7 de octubre, porque vamos a defender aquello en lo que creemos y unir nuestro esfuerzo al de quienes no desean perder el rumbo y la estabilidad democrática que disfrutamos los costarricenses.
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