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En Guardia Jorge Guardia Se alegraron mis alumnos al saber que el empleo y los salarios habían crecido moderada pero sostenidamente en el 2006 y 2007 y se avivaron sus esperanzas por la posibilidad de mejorar los índices de pobreza y – quién quita– la distribución de riqueza. ¿Cuáles son las causas de esa inusual redención?, me preguntaron. Esperaban oír de mis labios la respuesta convencional en varias facultades de la UCR de que los salarios crecen gracias a la acción gubernamental, las leyes protec- cionistas del trabajador y los beneficios laborales amparados al Estado social de derecho. Yo apenas sonreí. Pero cuando les expliqué que la historia era distinta, sus rostros reflejaron una mezcla de asombro y decepción. Si la ley pudiera hacer milagros, sería muy fácil. Solo habría que prohibir la pobreza y decretar salarios por encima de la inflación. Pero la realidad es más compleja. El empleo y remuneración solo crecen cuando aumenta el PIB por encima del crecimiento normal de la fuerza laboral y se controla la inflación. Si la fuerza laboral (oferta) aumenta rápidamente debido, por ejemplo, a variaciones migratorias o la inclinación a trabajar, y la demanda de trabajo (empresas) no crece al unísono, podría subir el número de ocupados sin disminuir el desempleo ni expandir los salarios reales, como ocurrió en el 2005. Los salarios decrecieron un 2,2% En el 2006, cambio, la economía creció más equilibradamente (en casi todos los sectores). Además, se redujo la inflación y la oferta laboral (trabajadores) creció menos que la demanda (empresas). Como consecuencia, el desempleo cayó del 6,6% al 6% y los salarios reales subieron casi un 2% (interanual). Bien reportaLa Nación que el dinámico crecimiento en sectores como construcción ha duplicado los salarios en dos años y la remuneración mínima anual (promedio móvil) de toda la fuerza laboral subió un 4% en términos reales. Y podría haber subido más si se hubiera controlado mejor la inflación y liberado la importación de productos esenciales de la canasta básica. En este mundo tan chico hay que liberar no solo la economía, sino también la mentalidad. Me dijeron los estudiantes que en una mesa redonda la semana anterior un exdirector de la CCSS criticó la propuesta de liberalización reseñada en mi columna anterior (consenso de la Condesa). ¡Qué ingenuidad! De seguro no quiere a los trabajadores. Si quisiera hacer algo efectivo por ellos, tendría que abogar por desencadenar la producción y controlar la inflación e inmigración. Solo así se podrían aumentar el empleo y los salarios reales y bajar la pobreza. La próxima encuesta del INEC podría regalarle una agradable sorpresa.
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