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Coherencia democrática

Si la Sala Constitucional ya falló, merece respeto su voto de mayoría

Manrique Jiménez Meza
Abogado

En este mismo periódico me manifesté por dos tesis: la primera, contraria al literalismo (exégesis), que pretendía que la Sala Constitucional no conociera ni resolviera consultas previas de constitucionalidad en relación con el TLC, apegada a la letra de laLey de la Jurisdicción Constitucional , cuando el instituto del referéndum fue posterior a su promulgación. Defendí la potestad jurisprudencial de la Sala para crear, ex novo , un procedimiento que validara la consulta con derivación del artículo 10 de la Constitución y en el ejercicio de sus competencias, con base en el Derecho escrito y no escrito, con la soltura propia del Derecho público. La Sala acogió esta tesis, compartida por otros juristas y el resultado lo tenemos a la vista, cuando cinco magistrados señalan que no existen inconstitucionalidades y dos dicen lo contrario.

La segunda tesis, fue por la defensa de la institucionalidad democrática, por el Estado social de derecho y por resguardar el principio tripartito del orden, la autoridad y la libertad. El deber de los gobernantes es mantener el equilibrio de estos tres elementos constitutivos de la convivencia social en democracia, con apego al ordenamiento jurídico y bajo el principio de legalidad, al que se adscribe el artículo 95 de la Constitución que impone, en materia de sufragio –sin aditivo alguno– a las autoridades gubernativas resguardar el orden, la libertad, la pureza y la imparcialidad.

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Legitimidad democrática. Por ello, dado que la Sala Constitucional resolvió por voto de mayoría, debe respetarse su decisión, que fue adoptada bajo el alero de la legitimidad democrática e institucional, aunque no se comparta total o parcialmente su decisión. Se impone así la prudencia y la civilidad, y debe respetarse el principio de la presunción de inocencia (artículo 39 de la Constitución) de quienes, en el ejercicio de sus potestades jurisdiccionales, actuaron conforme a su convicción, conciencia y a la interpretación del Derecho de la Constitución. Ni son corruptos quienes votaron mayoritariamente de una manera, ni son ignorantes o analfabetos del Derecho quienes lo hicieron en forma distinta, con votos razonados de minoría.

Tampoco la sentencia fue contundente como si fuera unánime, ni el voto de minoría es risible, como si fuera ridículo. Tales imputaciones, lanzadas irresponsablemente al aire, socavan la credibilidad en el Estado de derecho y remueven los pilares fundamentales de nuestra organización política y social. Y esto es inaceptable.

El hecho de que existan votos salvados confirma el legítimo ejercicio de un órgano colegiado, cuyas decisiones se adoptan, internamente, con democracia efectiva. Y es común que en la Sala Constitucional esto suceda. Recuerdo cuando fui magistrado suplente de la Sala y participé entusiastamente con el recordado y apreciado exmagistrado Piza Escalante en diversos votos salvados. Y no por salvados son votos equivocados, arbitrarios o ignorantes del Derecho de la Constitución. Simplemente no son votos de mayoría que, tampoco por tales, son necesariamente los más técnicos o científicos. Y de algunos votos de minoría se han levantado interesantes posturas doctrinales e, incluso, con el tiempo y con una distinta conformación de la Sala, pueden en diversos casos pasar a ser votos de mayoría. Ciertamente, la jurisprudencia de la Sala no es vinculante a sí misma.

Respeto y credibilidad. Las sentencias se defienden por sí, se dice en la jerga jurídica. Y todas merecen respeto y credibilidad, salvo demostración fehaciente de que, quienes las dictaron, incurrieron en faltas graves que merecen sanción personal y funcionarial, con sentencia condenatoria, firme y definitiva.

Si la Sala Constitucional ya falló, merece respeto su decisión de mayoría. Quienes hemos tenido dudas fundadas de algunas regulaciones del TLC no han sido en vano, por la dialéctica en democracia y libertad, donde la homogeneidad o sumisión de conciencias son parte del autoritarismo o totalitarismo, nunca así de la democracia real o material.

Ciertamente, para verdades el tiempo. La historia ciertamente así lo confirma, porque es el espejo de lo que se hizo, se hace y dejó de hacerse. Así de simple y así de llano. Despojémonos de pasiones y hagamos uso de la razón crítica, con respeto y cordura. La hora actual implora devoción por los valores en libertad.

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