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Deber incumplido Alejandro Ramírez Estudiante de Periodismo Ahora que recién hubo una tragedia en un autobús de transporte escolar, y cuando todo el mundo se rasga las vestiduras, tenemos oportunidad de analizar qué hacen las autoridades para supervisar el transporte de estudiantes. Porque apenas se tuvo conocimiento de tan lamentable hecho, corrieron en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes a investigar si el autobús en el que murió el niño tenía los permisos al día. Acaso si así fuese ¿no hubiera ocurrido el percance? Y si los cinturones de seguridad hubieran estado en su lugar, pero los niños no son enseñados a utilizarlos, ¿hubiera sido posible que el menor se asomara por la ventana sacando medio cuerpo? Papel de los padres. Por otro lado, ¿se toman alguna vez los padres el tiempo para inculcar en sus hijos el respeto a las normas de seguridad vial? ¿Acaso hacen que en sus automóviles particulares se usen todos los cinturones de seguridad? Tal vez si los operativos y controles de las autoridades en cuanto a supervisión del cumplimiento de normas se dieran regularmente, y no solo durante los tres primeros días de cada curso lectivo, entonces sería posible evitar muchos otros accidentes. Pero, como todo en nuestro país, no es sino hasta que nos enfrentamos a un hecho impactante o lamentable cuando aparecen ministros, directores de escuelas y otras autoridades a lamentarse por no haber cumplido su labor como tiene que ser. Por supuesto, como el hilo se rompe siempre por la parte más delgada, será ahora el pobre chofer quien tenga que lidiar no solo con el trauma psicológico de ver tan terrible escena, sino también con la responsabilidad de muchos que no hicieron bien su tarea. ¡Y no hablo de los niños! Porque resulta que el pobre hombre tenía que ver el retrovisor, ver hacia delante, cuidarse de otros carros, advertir que no hubiera peatones que pudiera atropellar y, tras cuerno palos, que ninguno de los mocosos sacara su cabeza por la ventana. Para salvar vidas. ¿De qué sirve ahora horrorizarse por lo que pasó si nadie cumplió con su deber? Si las autoridades no velan en este caso, como en muchos otros, por la obediencia a la ley. Si los costarricenses no están acostumbrados a obedecerla. Si es cierto que no hay muerto malo, entonces que este desafortunado sirva para salvar vidas que pueden perderse en situaciones similares. Se debe ayudar a que las autoridades hagan cumplir la ley y a que los ciudadanos la cumplan. ¿En qué momento perdimos la cabeza? ¿Cuándo dejó de ser la seguridad un asunto prioritario? ¿Cuántos muertos más necesitamos para que se modifique nuestra idiosincrasia de a la mano de Dios? Porque, si eso no sucede pronto, entonces ¡que nos agarre confesados!
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