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Joseph Ratzinger

Papa Benedicto XVI

Marco Sibaja
msibajamora@nacion.com

No se extrañe si un día entra a un templo católico y se encuentra un sacerdote de espaldas pronunciando palabras como Pater noster, qui es in caelis .

Un decreto emitido ayer de motu proprio (iniciativa propia) por el papa Benedicto XVI permite la celebración de la misa tridentina, instituida en el Concilio de Trento hace 500 años, donde las oraciones se pronuncian en latín y el sacerdote da la espalda a sus fieles.

La iniciativa del pontífice alemán, de 80 años, apunta a un acercamiento con un sector tradicionalista del catolicismo, seguidor del fallecido obispo francés Marcel Lefebvre.

Desde el inicio de su pontificado, Benedicto XVI ha procurado tender una mano para que este sector, causante del primer cisma de los tiempos contemporáneos en la Iglesia, se acerque al catolicismo.

El Concilio Vaticano II (1962-1965) había roto claramente, tras una ardua batalla, con esa forma de entender el papel de sacerdote y fieles que propugnaron los seguidores de Lefebvre.

La meta con el Concilio Vaticano II era lograr una apertura de la Iglesia, pero algunos católicos aún consideran que Hic est enim calix sanguinis mei suena más solemne que “este es el cáliz de mi sangre”.

Observadores del Vaticano estiman que el Pontífice procedió con cautela al acercarse a los tradicionalistas.

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