Búsqueda
Avanzada
Domingo 08 de julio, 2007
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Copa América 2007
Campeonato 2006-2007
Sitio de Mapas

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Caja de Cambios (Motores y transporte)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Texto preliminar del TLC Costa Rica-EE.UU. y noticias publicadas
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:

Foto Principal: 1587766
/LA NACIÓN

Radiografía del terrorismo

No estamos inmunes al terrorismo en Costa Rica, más cuando se exaltan valores terroristas

Vladimir de la Cruz
Historiador

El terrorismo es un acto que por su naturaleza niega la capacidad humana de diálogo y negociación. Se emplea como argumento de violencia religiosa, política y narcoeconómica, principalmente, y como instrumento de convencimiento por el temor que produce. En la historia de los últimos 150 años de manera más sistemática tenemos conciencia actos terroristas, por los protagonistas que los realizan y tratan de justificar.

El terrorismo, como práctica religiosa o política, se realiza por personas y grupos de personas y, como terrorismo de Estado (TE) por Gobiernos. El terrorismo es un acto estratégico, planificado, consciente, deliberado que se ejecuta al azar, sobre gente inocente; es electivo de la gente que lo decide y sobre las personas que se realiza. El acto terrorista por sí mismo no produce justicia, solo dolor, muerte y deudos.

El terrorista, de cualquier tipo que sea, supone lograr, por el impacto de sus actos, lo que no pudo por la razón, se sirve del terror para imponer sus propuestas y objetivos o para castigar a quien no se somete u opone. Procura infundir miedo y terror en el ciudadano, en la población o el funcionario público y por ello lograr objetivos de carácter político, religioso o económico sobre los dirigentes de gobierno y los líderes sociales.

El acto terrorista es asesinato al azar de civiles, con posible sacrificio de la vida del terrorista. El terrorismo ha sido empleado también por grupos políticos como el Frente Argelino de Liberación Nacional, el Ejército Republicano Irlandés, la Organización de Liberación Palestina, el separatismo vasco de ETA, el ultranacionalismo israelí como en Sabra y Shatila, y reconocido por la CIA.

El terrorismo es una exaltación política de la violencia, que configura un planteamiento ideológico, invoca la integración de la sociedad y de la política y propone la transformación social que suprime un supuesto régimen opresor, o cuando en defensa de un sistema político se actúa contra disidentes y opositores eliminándo- los, desapareciéndolos o secuestrándolos.

Foto Flotante: 1651999
/LA NACIÓN

El acto terrorista no distingue nacionalidad, raza, religión, credo político, riqueza o pobreza, clase social, género, hombre o mujer, niños o ancianos, heterosexuales, homosexuales o lesbianas, nacionales o extranjeros, turistas o emigrantes, gordos y flacos, tontos o inteligentes. Es igualitario en sus efectos y democrático en los muertos.

El acto terrorista provoca reacciones en cadena, sin que se sepa cuándo terminan como las acciones militares que provocan otras acciones. El terrorismo religioso idealiza el divino Paraíso ofrecido y la redención en el martirio. El TE lo realizan los Gobiernos corruptos, opresores, injustos, represores, autoritarios, dictatoriales, despóticos, militares contra sus propios pueblos para acabar con la oposición política, desaparecer líderes, asesinarlos, desintegrar comunidades indígenas o campesinas.

El TE también tiene la forma de terrorismo de guerra, cuando el asesinato masivo mediante la actividad bélica se convierte en asunto industrial y financiero; cuando surge la empresa terrorista por medio de gobiernos con capacidad de asesinar masivamente para someter otros gobiernos, dominar países u obligarlos a rendirse.

En Hiroshima y Nagasaki, con el lanzamiento de las bombas atómicas, se inició esta forma de TE y atómico, cuando se preciso y escogió una población para ser asesinada, que no murió por el propio curso de las acciones militares contra soldados o cuerpos militares.

La víctima del terrorismo es la población civil no combatiente, ni en lo militar ni en lo político; es la gente sencilla.

El terrorismo necesita la creación de un enemigo, sea religioso, político, económico, étnico, cultural. El enemigo puede ser una persona, un grupo de personas, una organización o un partido político; un movimiento social o ideológico, o un pueblo, que el terrorista lo degrada, ideológica y teóricamente, para poderlo eliminar, asesinarlo. Esta creación de enemigos es especial de movimientos nacionalistas o religiosos, donde generalmente se procura desplazar más que eliminar al enemigo.

En el terrorismo de guerra se sataniza al enemigo para eliminar sus hombres, mujeres, ancianos, niños, militares o civiles, al pueblo en general. La hostilidad se generaliza y se vuelve indiscriminada. Para los terroristas todas las víctimas son culpables. En ningún caso la muerte de inocentes resultante de actos terroristas es excusable.

En el TE se buscan, a veces, chivos expiatorios externos para justificar en ellos los fracasos de la política interna. Muchos actos terroristas los justifican, excusan y defien- den falsamente en la lucha por la libertad y la democracia, en la pobreza, la desigualdad social, y hoy global, el sufrimiento de los pueblos a causa de la explotación internacional o unilateral de países, en la lucha contra oligarquías políticas o económicas.

El terrorismo así lo excusan como la desesperación de los oprimidos; el terror como el arma del débil, el último recurso de las naciones sometidas. En ninguna parte del mundo la pobreza ha generado terrorismo. Los Gobiernos cómplices o responsables directos de la miseria y pobreza de sus pueblos no gestan en su contra actos terroristas, provocan lucha política.

Los terroristas por sí mismos son un pequeño grupo, a veces asumido como una autorrepresentación del pueblo. A todas las organizaciones y justificaciones ideológicas terroristas hay que oponerlas y a cada una en su particularidad.

La estrategia tradicional del terror de los coches bombas en edificios, sodas, cafeterías, cines, buses, francotiradores matando civiles, secuestros económicos, impuestos revolucionarios, asesinato de periodistas y funcionarios públicos, actos agresivos contra personas, vandalismo callejero nada tienen que ver con la democracia ni con las luchas democráticas, así como las malas prácticas policiales, la tortura, el maltrato, la violación de derechos de los detenidos y privados de libertad, la creación de escuadrones de la muerte y de grupos paramilitares, o intimidaciones de cualquier tipo, o de la nueva estrategia del terror, la informática, la infoguerra, los ciberdelincuentes, hackers , el robo de identidad, el fraude y la vigilancia electrónica contribuyen a desarrollar ambientes para el surgimiento de todo tipo de organizaciones terroristas.

La lucha política armada y el terrorismo son dos cosas distintas de la acción política revolucionaria. La democracia no puede ser una máscara de dictadura ni de autoritarismo. La lucha contra dictaduras, tiranías, satrapías y autoritarismo político es válida en el ideario republicano democrático. No estamos inmunes a esta realidad, al terrorismo como amenaza inesperada, más cuando verbalmente se exaltan valores y métodos terroristas. No lo subestimemos. No produzcamos los mártires, muertos o presos que el terrorismo necesita.

La lucha contra el terrorismo está en su prevención, en el aislamiento de las redes terroristas, en el trabajo policial que no debe afectar las libertades individuales, civiles y públicas, ni los derechos sociales.

Todos, intelectuales, periodistas, académicos, sacerdotes, líderes civiles, religiosos o comunales, artistas, científicos, publicistas, tenemos la obligación de compartir la deslegitimación del terrorismo, de la cultura del terror religioso, político o nacionalista; trabajar incansablemente por que no haya ambiente amigable para ninguna forma de terrorismo, individual o de Estado, para que todos los terroristas del mundo encuentren hostilidad y rechazo.

Frente al terrorismo es necesario desarrollar y fortalecer la democracia y la tolerancia política, desarrollar económicamente el país con respeto por las cosas, la naturaleza, las personas, asegurando la alegría y la risa de los niños, el beso, el abrazo y el amor, pero, sobre todo, militando por la vida.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Suplemento Autos 2007
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta