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Opinión RodrigoCalvo rcalvo@nacion.com Periodista Burnaby, Canadá. Las diferencias políticas, religiosas y raciales son cada vez más marcadas en la época contemporánea, pero en Norteamérica hay un país en donde impera el clima de tolerancia y la convivencia es posible a pesar de las diversidades de criterio que nunca faltan. “En Canadá es bienvenido todo el mundo”, es la frase que está impregnada en cada rincón de este voluminoso territorio. Y, literalmente, es así para que fuera el marco perfecto para ser el anfitrión de una Copa Mundial Sub-20. La ciudad de Vancouver, la tercera en importancia en Canadá luego de Montreal y Toronto, es una muestra clara de la mezcla de nacionalidades. “Es como si fuera una ensalada de frutas… es raro encontrar un canadiense puro”, describió el costarricense Rafael Argüello Marenco, de 58 años y quien desde hace 36 radica aquí. Los extranjeros son mayoría en este país. Por ejemplo con solo ver la proporción de razas que hay en un restaurante se notará que un 80 o 90 por ciento son chinos o hindúes, y el resto canadienses. En Richmond, Vancouver, la mayoría proviene de China, mientras que en Surreway una población de 150.000 vino desde la India, sin olvidar que algunos de ellos tienen fincas para producir maíz, lechuga, zanahoria y tomates. Igual hay colonias grandes de árabes, italianos, griegos y los menos son de países latinoamericanos. “Todo está muy repartido”, agregó Argüello, quien labora en una compañía que vende herramientas de trabajo. Rafael vive actualmente en Mission, una población rural a 75 kilómetros del centro de Vancouver, junto a su compañera, Rosemary Rueda, nicaragüense con 25 años de vivir en Canadá. “Canadá es fantástico. Aquí se encuentra de todo y para todos. Hay muchas oportunidades para surgir, aunque le sacan el modo de andar con tantos impuestos (el 35 por ciento de sus ingresos anuales y 14 por cada artículo comprado), que al menos uno ve reflejado en buenas carreteras y excelentes servicios sociales”, dijo el tico. Su sistema de salud da muchas ventajas al ciudadano. Rafael cancela $50 ( 26.000 colones) por año y eso le ha ayudado para que le cubriera todos los gastos médicos que tuvo en sus 14 operaciones. Rafael y Rosemary no volverán a sus países de origen. Ellos hallaron un clima de tolerancia que los hace felices. “Queremos seguir aquí, siguiendo una vida muy simple, nada complicada”, expresó, por su lado, Rosemary, una maestra privada de preescolar. Y mejor con Rafael a su lado.
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