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En pos de una política criminal


Jaime Robleto Gutiérrez
Juez de casación penal

Sabio quien dijo que no hay nada más práctico que una buena teoría, ya que sin ella de poco sirve la política criminal. La teoría criminológica conecta la política criminal con la riqueza de años de investigación criminológica, porque es la que estimula y refleja la investigación empírica. Sin la teoría criminológica, es realmente difícil explicar por qué funciona o no una política criminal a la hora de prevenir o reducir la delincuencia.

Una vez superado el morbo inicial que suscita el fenómeno delictivo como parte del comportamiento desviado en el conglomerado social, cabe preguntarse: ¿para qué sirve la criminología? Además, debe tenerse presente que, aunque su campo de estudio no se limita en forma exclusiva a lo jurídico (Hassemer), la criminología no puede ni debe perder de vista el delito, figura definida previamente por el legislador a nivel normativo y que se supone que en muchos casos sigue una política criminal delimitada a su vez por una teoría criminológica que da sentido y sistemática a la legislación positiva de un Estado.

Aumento de pena. Históricamente, se han propuesto y abandonado modelos de solución etiológicos. Es un cliché demostrado estadísticamente –por ejemplo– que el aumento de las penas no necesariamente conlleva una disminución en la tasa delincuencial; por ello, el disuasivo social esperado por la escuela clásica, esperanzado en el uso de la razón humana, nunca ha logrado su cometido con la prevención general.

Pese a eso, con cierta frecuencia se recurre al aumento de penas para responder al clamor popular, aun a sabiendas que ello ni siquiera funcionará como paliativo efectivo del problema que se trata de solucionar. Es decir, quienes tienen el poder y deber de ejercer la política criminal a nivel normativo ceden ante la reacción social formal o informal y, conscientemente, disponen una medida que de antemano saben que no aporta soluciones al fenómeno que enfrentan. Lo último porque precisamente las realidades humanas demandan un enfoque interdisciplinario que puede proveer la criminología sustentada con una adecuada política criminal, que a su vez tenga asidero en teorías criminológicas claras y no en ocurrencias ad hoc. Conviene recordar el enorme impacto de la opinión pública expresado en el espacio público (Habermas) siendo que tal influencia tiene injerencia en todas las esferas.

Mayor eficacia. Es posible afirmar que, desde las teorías de corte sociológico de Durkheim hasta las criminología crítica más radical o incluso el nuevo realismo de izquierda que surge de esta escuela (Mathews y Young), o las nuevas teorías de género (Bottcher), se aportan ideas a considerar; muestra de ello es que la llamada criminología evolutiva (Tremblay y Craig) sugiere que es más eficaz, productivo y, desde luego, más económico invertir en intervenciones de prevención de la delincuencia en la infancia que en la adolescencia o en la edad adulta.

¿Sería posible apostar por una política criminal preventiva basada en una adaptación a nuestra realidad de una teoría criminología que ha dado resultados tangibles? Resulta necesario estimular la investigación criminológica a efectos de que sea considerada y pueda ser conectada por quien corresponda tomar las decisiones de política criminal; ello ahorraría muchos recursos al Estado y aumentaría exponencialmente la efectividad de las medidas destinadas a garantizar las condiciones de vida de los ciudadanos. Parafraseando a Proust, diría que estamos en busca de tiempos mejores, espero que no irremediablemente perdidos.

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