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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@nacion.com A mí que no me digan, pero las computadoras tienen vida propia. Con postulado cartesiano y todo: “Computo, ergo jodo”. Esto es especialmente cierto en la mía cuando intento poner una fecha y ella pone la suya, o cuando, al terminar una carta, quiero despedirme a mi manera y me necea para que ponga “saludos cordiales”. Y no; no me da la gana. Las “compus” se sienten las mamacitas de la modernidad. La mía, además, vive ensañada con el “vos” (solo el “tú” me permite) y no me deja usar palabras como “coger” sin subrayármela antes en rojo como si estuviera mal escrita. ¿No será que a la hora de diseñarWord , don Bill Gates les puso unwarning a ciertos vocablos peyorativos? Debe de ser porque, a manera de prueba, escribí “prostituta” y “condón” y también me sacó tarjeta roja. ¿Censura previa en mi “compu”? Juro y rejuro que a las computadoras se les metió un alma, pues de tener cerebro, memoria, ojos, voz y tacto, ahora tienen sentimientos. Más aún, estoy por creer que han desarrollado su propio estado de conciencia. Se deprimen y todo. Y en ocasiones están todas tiernas. ¡Al rato y son bipolares! A veces se ponen tan majaderas con ciertas funciones, que le cuestionan a uno cada decisión que toma: ¿“Are you sure ” que tal cosa? ¿Are you sure que tal otra?…”. Dudando de uno. Ni Pilar duda tanto de mí. ¡Qué se creen! Además, se toman demasiado en serio cosas como mi “agenda personal” pues, ya desde mucho antes de la cita programada, empiezan con suflashing de “usted está ya tarde”, “vea que se lo advierto”, “después no reclame…” Por si fuera poco, al regresar de la cita, le dicen a uno que estáoverdue . La mejor prueba de que se han ido humanizando es que se les mete el agua, como cuando a la mía le ordeno imprimir una copia y, como poseída, me dispara miles sin que nada ni nadie la detenga. O cuando undiskette se le atora en el buche y uno, como maniático, tocándolo todo; teclas, botones, macetas, enchufes, adornos y alambres, para que reaccione. Y uno, por supuesto, hecho un basilisco porque el trabajo o informe que tenía que entregar a las y tantas, está ahí en algún confín del insondable e impertinente universo informático. A veces, en cambio, la vaina es al revés: de noche, agotado, uno la apaga para irse en santa paz a la camita y, nadie sabe por qué, la bestia se vuelve a encender sola. La apaga otra vez y… ¡De ahorcarlas! Con razón actualmente son los seres más agredidos del planeta. Según la más reciente muestra entre 20.000 usuarios, uno de cada cuatro le da un botellazo al monitor, o revienta el teclado contra el suelo o la pared, si no es que le brinca encima. ¡Pobres ellas!
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