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Ciclismo Todos los ciclistas debieron firmar una declaración de que están “limpios” Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com En el Tour de Francia, cuya edición 94 empieza hoy en Londres, el ciclismo pasó a ser un tema secundario. Todo lo verdaderamente importante alrededor de la carrera más importante del mundo tiene que ver con el dopaje. Los escándalos de años anteriores (especialmente el del 2006) provocaron que la competencia magna del universo de los pedales esté bajo sospecha permanente. En cada ascenso, en cada fuga, en cada sprint , habrá miradas de suspicacia sobre quién está corriendo a reglamento y quién está utilizando una “ayuda” extra. La propia organización ha tenido que apuntarse al clima de psicosis. Como parte de las estrategias para curarse en salud, las autoridades del Tour obligaron a los 189 participantes a firmar una declaración jurada de que no tienen nada que ver con dopaje y que se comprometen a entregar muestras de sangre a los encargados de la Operación Puerto. Esta investigación, conducida por la policía española el año pasado, destapó una trama de uso de sustancias y métodos prohibidos que provocó una enorme cola, cuyos efectos aún se sienten en la tradicional prueba francesa. Bajo esta nueva cultura de desconfianza que domina el ciclismo mundial, los ruteros son tratados como sospechosos hasta que prueben lo contrario. Por eso deben aportar estrictos certificados médicos para justificar todo aquello que no sea un vaso de agua.
El gran tema. En las conferencias de prensa, en el discurso de los equipos y hasta en el ánimo de los aficionados la atención pasa por las jeringas y no necesariamente por cuál será la etapa que decida el nombre del nuevo campeón. El ciclismo se convirtió en un asunto marginal y la gran misión de los organizadores pasó a ser la transparencia. La sobreirradiación de asuntos de dopaje le quitó importancia a apuntes históricos como el prólogo de hoy en Londres, pues será la primera vez que el Tour salga de Inglaterra. Por lo demás, la competencia mantiene su diseño habitual. Una primera fase cargada de etapas planas, para ver esas llegadas de 150 ciclistas tirándose codazos a más de 60 kilómetros por hora. Aquí los protagonistas serán Tom Boonen o Robbie McEwen. El italiano Alessandro Petacchi, uno de los mejores rematadores, seguirá la competencia por televisión luego de que trascendiera una “relación impropia” entre el ciclista y un frasco de salbutamol. Lo realmente decisivo queda para las últimas dos semanas, con las etapas de montaña y las dos contrarrejoles individuales. Aunque lo que suceda sobre el asfalto no necesariamente será definitivo. Es en los laboratorios donde se terminará de validar al campeón.Se usó información de DPA , AFP, AP, EFE, www.letour.fr y archivo de La Nación
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